Una de las fórmulas más socorridas por la tecnocracia que gobernó largamente el país fue la recorrer a eufemismos para maquillar la realidad. Así, las devaluaciones pasaron a ser “deslizamientos” de la paridad cambiaria y los aumentos de precios, “ajustes”.

El efecto ulterior del hecho no cambia porque se le ponga un nombre diferente: si el producto “X” hoy vale 10 pesos y mañana vale 11, el efecto es que usted debe desembolsar 10 por ciento más dinero para adquirir el mismo producto. Y si su salario no se incrementó en una proporción similar entonces ha perdido poder adquisitivo.

No se requiere poseer posgrados en universidades extranjeras o ser un avezado economista para llegar a la conclusión anterior. Es apenas un asunto de sentido común el concluir que llamarle a las cosas con otro nombre no modifica sus efectos materiales.

Es tanto como pretender que por llamarle “cosquilla” a un puñetazo en el rostro el golpe no va a doler y, eventualmente, no generará un moretón y otras consecuencias lógicas.

La verdad es una y sólo una: tan sólo en los últimos dos meses, las gasolinas Magna y Premium han sufrido un incremento superior al 10 %"

El comentario viene al caso porque frente al incremento en el precio que han sufrido las gasolinas -y que se ubica muy por encima de la inflación- la Secretaría de Hacienda y Crédito Público ha salido a ofrecernos una catarata de tecnicismos para explicarnos por qué el Gobierno de la República no ha incumplido su promesa de que la gasolina no subiría de precio.

El problema, según la dependencia, es que la fórmula utilizada para entregar un “estímulo al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS)” estaba mal planteada y eso provocaba que los recursos fiscales empleados en dicho propósito “no llegaran a consumidor final”.

Y es que para determinar el monto del referido “estímulo” se consideraba estimaciones de los precios al mayoreo, compuestos por las referencias internacionales, el ajuste de calidad, los costos de almacenamiento, la logística e impuestos, así como el margen de las estaciones que venden al menudeo… una fórmula sólo para iniciados.

Más allá del galimatías técnico, la verdad es una y sólo una: tan sólo en los últimos dos meses, las gasolinas Magna y Premium han sufrido un incremento superior al 10 por ciento en su precio, al menos en la Región Sureste de Coahuila, de acuerdo con un monitoreo de costos realizado por VANGUARDIA a partir de la liberalización de precios.

En otras palabras, los ciudadanos tenemos que desembolsar más dinero por la misma cantidad de combustible, lo que implica que tenemos menos dinero para otras necesidades, circunstancia que se ubica de espaldas a lo ofrecido reiteradamente por la actual administración.

Y no hay explicación técnica o pero que valga: primero se ofreció que las gasolinas bajarían de precios; luego se nos dijo que no, pero al menos no habría “gasolinazos” como en el pasado. Ni una cosa, ni la otra, sino exactamente lo contrario: las gasolinas siguen subiendo de precio, se le ponga el nombre que se le ponga al “fenómeno”.