Para Alejandro Nadal, inmenso ser humano, mexicano ejemplar.

Rudolf Virchow (1821-1902) fue un patólogo brillante de origen alemán que compartió su vocación médica con la política. Su duplicidad devino ideas imprescindibles: “Si la enfermedad es una expresión de la vida del individuo cuando las condiciones no son favorables, las epidemias son indicadores de alteraciones en los grupos humanos y en las vidas de las masas”. Las “vidas de las masas” y la capacidad de enfrentar las pandemias dependen de la preparación y sensatez  de los políticos. Si las masas padecen y la política falla, las pandemias destruyen. A la idea de Virchow, agrego la pandemia mexicana encabezada por Andrés Manuel López Obrador y alimentada por Hugo López-Gatell, subsecretario de Promoción y Prevención de la Salud, cuya proyección, ante el mutismo de Jorge Alcocer, secretario de Salud, lo ha convertido en la figura visible, no previsible, para  explicar, en  la medida de lo posible, la epidemia causada por el coronavirus (COVID-19).

La globalización, positiva y negativa, ha hermanado a la humanidad. El COVID-19 ha viajado sin cesar y ha fundido al mundo en una lucha sin precedentes. La pandemia viral y su capacidad mortífera han generado una serie de acciones similares en China, varios países europeos, Israel, Argentina, Colombia y, entre otros, Estados Unidos. Las decisiones discutidas y ejecutadas por políticos y expertos en salud de los países mencionados son similares. El consenso es global: reducir al mínimo el contacto interpersonal, reclusión en hogares la mayor parte del tiempo, prohibir eventos masivos y reuniones de más de diez personas, cerrar fronteras y acudir a los servicios de urgencias en caso de fiebre, problemas pulmonares e historia de viajes a países como España o Italia donde la viremia ha producido estragos.

El consenso mundial, repito, es (casi) global. México, investido por la lógica del partido Morena y difundida por los miembros del equipo de salud ha sido la excepción. La máxima lópezobradorista, “tenemos otros datos”, y  las acciones e inacciones de Hugo López-Gatell, máximo representante ante la pandemia, nos coloca en otro espacio, en otro mundo. Sobran ejemplos. Todos inexplicables, todos contra la lógica mundial y contra las terribles experiencias de los países afectados cuyas acciones y recomendaciones han caído en saco roto en nuestro país. Sobran ejemplos, unos con tintes kafkianos, otros con ideas surrealistas. Todos desconcertantes.

La historia de nuestra epidemia es sui géneris. El abordaje político no ha negado la epidemia, la ha abordado de otra forma. La realidad ilustra. Cuatro ejemplos, alejados de cualquier forma de maniqueísmo explican el imparable asombro de la sociedad ante la postura   gubernamental.  A finales de febrero se diagnosticó en México  el primer caso de COVID-19, dos meses después del inicio de la epidemia en China y la diseminación posterior a otras naciones. Hacia finales de febrero, AMLO declaró que no existían razones para alarmarse pues el coronavirus “ni siquiera es equivalente a la influenza”. Al mismo tiempo Jorge Alcocer aseveró que no debía cundir la alarma, pues, “la enfermedad tenía un nivel de mortalidad bajo”. En la mañanera del 29 de febrero AMLO concluyó: “Seguirán los abrazos y el contacto con la gente”.

El 8 de marzo, Italia ordenó la cuarentena de 16 millones de habitantes. Días después, el 15 de marzo, en la Ciudad de México, se llevó a cabo el festival Vive Latino, avalado por Claudia Sheinbaum. Al evento acudieron  50 mil jóvenes. Nuestras autoridades minimizaron los riesgos por medio de supuestos filtros sanitarios, soslayando que el Covid-19 puede ser transmitido por infectados  asintomáticos. El 15 de marzo, AMLO, en Marquelia, Guerrero, saluda, besa y abraza a los concurrentes: “Las pandemias no nos van a hacer nada”, decretó.

Finalmente, sobran datos, falta espacio, el 17 de marzo, minutos antes de la plática matutina, un video muestra como AMLO, a diferencia de otras personas, no acepta lavarse las manos con el gel antibacterial que le ofrece una edecán.

Arnoldo Kraus

Nacido en la Ciudad de México.

Es Médico clínico y Profesor de la Facultad de Medicina, UNAM y miembro del Colegio de Bioética. Colabora mensualmente en la revista Nexos.