Actualmente, las instituciones de educación superior no sólo son la principal fuente de transmisión y generación del conocimiento al formar cuadros profesionales y llevar a cabo la mayor parte de la investigación científica y tecnológica que se realiza en el país, sino que de manera muy importante son agentes fundamentales en la lucha contra la inequidad social, la marginación y falta de oportunidades que impide que millones de jóvenes participen de manera productiva en el desarrollo nacional. Uno de los mayores retos que enfrentan es la demanda creciente de los jóvenes por ingresar a la educación superior, principalmente, en aquellas instituciones más reconocidas.

Aunque se ha logrado duplicar la cobertura de educación superior desde el año 2000, este avance es reducido ante el fenómeno de expansión de la educación superior en el mundo. 
Las naciones industrializadas han incorporado porcentajes muy elevados de su población juvenil, e incluso aquellas que tienen niveles de desarrollo similares al nuestro han logrado coberturas superiores. Con base en datos de la UNESCO de 2016, México se encuentra diez puntos porcentuales por debajo del promedio de la región de América Latina y el Caribe (48.4%), y la diferencia es significativamente mayor con países como Costa Rica (54.0%), Uruguay (55.6%), Colombia (58.7%), Argentina (85.7%) y Chile (90.3%). Esta situación debe ser atendida como un asunto estratégico ya que está vinculada al nivel de desarrollo y bienestar de la población.

Aunado a ello, experimentamos una grave desigualdad de cobertura entre entidades federativas y regiones, que se ha venido ampliando. En 2000-2017, estados como Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Michoacán y Tlaxcala se han rezagado, ampliado la brecha respecto a la media nacional, mientras Querétaro, Aguascalientes, Puebla, Nuevo León, Sinaloa y principalmente, la Ciudad de México se mantienen arriba del promedio.

Debido a que la cobertura está asociada al nivel de desarrollo humano, social y económico y con el propósito de facilitar que en cada entidad se defina una política en materia de ampliación de la cobertura de educación superior, la ANUIES diseñó un modelo estadístico que permite proyectar el crecimiento futuro de la matrícula bajo algunos supuestos previamente definidos. 

Este modelo utiliza un conjunto de indicadores, varios de ellos, susceptibles de modificar con la intervención decidida de las autoridades educativas federales y estatales, dentro de las cuales se encuentran la eficiencia terminal de bachillerato, la tasa de absorción de educación superior y la tasa de abandono escolar de educación superior, esta última tiene una contribución notable en el incremento de la cobertura.
Aunque en las últimas décadas se han logrado avances en materia de calidad educativa, aún prevalecen retos importantes, ya que debemos lograr que las evaluaciones y acreditaciones se generalicen y se traduzcan en procesos de mejora continua que incidan en el desarrollo de mejores habilidades socioemocionales y de pensamiento en los egresados.

En consecuencia, debieran desplegarse nuevas estrategias para universalizar la evaluación externa y la acreditación de los programas en las instituciones públicas y particulares. El propósito de avanzar hacia una mayor calidad educativa requiere que sea explícito el compromiso de las instituciones de educación superior públicas y particulares con la mejora continua y la pertinencia de sus servicios educativos en el marco de su responsabilidad social.

Recomiendo la lectura del documento, "Visión y acción 2030. Propuesta de la ANUIES para renovar la educación superior", disponible en: https://visionyaccion2030.anuies.mx 

@jaimevalls