Los desplazamientos de enormes multitudes de seres humanos ya no llaman la atención; son naturales, dicen los políticos o los opulentos multimillonarios y aun las clases medias que disfrutan de todo o casi todo: agua, buena alimentación, energía, automóviles, tiempo libre, bienestar en términos generales, todo está bien, aseguran.

No obstante, Centroamérica está padeciendo prolongadas sequías o fuertes inundaciones, fenómenos que han dañado sus tierras de cultivo –no hay agua–, comentan los campesinos, y no tienen forma de lidiar con la inseguridad alimentaria, venden sus pertenencias y la única alternativa de sobrevivencia es abandonar sus tierras yermas y emigrar.

Hace una semana la joven, casi niña, Greta Thunberg, defensora del medio ambiente, se presentó ante los líderes mundiales en la cumbre de la ONU. En su discurso recriminó a los políticos: “Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías… nos piden esperanza, ¿cómo se atreven? La gente está sufriendo, está muriendo, ecosistemas completos están colapsados. Estamos ante la extinción masiva y ustedes sólo hablan de dinero y del crecimiento económico eterno”.

Desde hace un año, Greta se convirtió en una figura mundial en el símbolo de la lucha contra el cambio climático, los medios de comunicación la siguen y sus discursos han levantado una ola de elogios, pero también de duras críticas, algunos la describen como una marioneta de la mercadotecnia, aunque hay quienes se refieren a ella como el “efecto Greta Thunberg”.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tuvo tiempo para burlarse de Greta. Directores de medios, como el de Fox News, dijo que es una enferma mental, aunque al día siguiente se disculpó. También Dinesh D’Souza, escritor y cieneasta estadounidense, expresó que Greta le recordaba a las niñas de la propaganda nazi, y el analista Sebastián Gorka agregó que parecía una víctima de un campo de reeducación maoísta. Otros críticos señalan que la joven es usada como escudo humano.

El ministro francés de Educación, Jean-Michel Blanquer, indicó que la actitud y discurso de la joven pueden acarrear una “generación de deprimidos” por lo que le propuso buscar soluciones más constructivas.

Además se han generado rumores de que detrás del activismo de Greta está un exitoso proyecto de sus padres, ambos artistas, y de los agentes de relaciones públicas que han logrado convertir a la joven en una figura de talla mundial.

También se difundió el rumor de que el discurso pronunciado por Thunberg, durante la conferencia climática de la ONU en la ciudad polaca de Katowice, se realizó en una sala vacía, aunque los canales estatales suecos lo mostraban como si ella hablara ante una gran multitud.

No obstante la activista ambiental ha recibido apoyo de 224 miembros de la comunidad científica, y Barack Obama la reconoció como una de las mayores defensoras de nuestro planeta, ya que su generación llevará la peor parte del cambio climático, dijo el expresidente estadounidense.

Greta ha realizado una redefinición en los conceptos del cambio climático, ella lo define como “emergencia climática”, y en lugar de calentamiento global lo especifica como “calefacción global”.

Negar la emergencia climática, en la mayor parte de quienes lo manifiestan, es una actitud convenenciera, tanto como rechazar el colapso civilizatorio que hace 47 años científicos lo predijeron y nadie quiso escucharlos. En México, el secretario de la Semarnat, Víctor Manuel Toledo, lo ha dicho con claridad: estamos ante la batalla final por la vida, de manera que la defensa ambiental de Greta es realismo, no catastrofismo.