Ya hemos tratado el tema en ocasiones anteriores, pero a raíz de los atentados terroristas que se llevaron a cabo en la ciudad de París el pasado viernes 13 volvió a ser obligado. 

Esto es en referencia a al escapismo en oposición a la realidad que debe o no manejar una telenovela, ya que si nos vamos a la esencia del género como reflejo de la realidad una novela es una obra literaria en la que se narra una acción fingida en todo o en parte y cuyo fin es causar un placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, así como de caracteres, pasiones o costumbres.

 Remitiéndonos a esta definición, el estreno de Televisa de esta semana, “Simplemente María”, podría salir bien librado por aquello de la acción fingida en todo o en parte y podría causar un placer estético por su muy cuidada fotografía que aunque no llega a las alturas del blanco y negro del maestro Gabriel Figueroa.

 Y así se va Televisa desde su primera telenovela, la vespertina “Simplemente María”, hasta la última, “Pasión y poder”, con contadas excepciones. y aunque si cambiamos de canal en TV Azteca en cuanto a producciones nacionales también se cuecen habas (basta haber visto en esta semana los dotes de sobreactuación de Loenardo García) porque vaya que la producción turca “¿Qué culpa tiene Fatmagul?” pone el ejemplo de que dentro de las convenciones del género esa ficción puede resultar no sólo atractiva sino cautivante por lo realista que se nos retrata el entorno en que se desenvuelve. 

Sí ,es cierto que aunque se desarrolla en Turquía, donde hace apenas hace unas semanas hubo una matanza igual de lamentable que la que ocurrió en París el pasado viernes, el fin de “Fatmagul” es contarnos muy a su manera la historia de una mujer violada partiendo de la anécdota original en la que está basada y que aunque muchos desconocen es de una historia latinoamericana de la pluma de la cubana Delia Fiallo que en 1996 protagonizó la desaparecida Mariana Levy bajo el título de “Leonela”. 

“¿Qué culpa tiene Fatmagul?” engancha capítulo tras capítulo, de principio a fin, desde el ritmo de su narrativa hasta la credibilidad de sus personajes, están los buenos y los malos, como en toda novela rosa, pero dentro de todo lo convencional está lo auténtico y lo propositivo que le da identidad. Una prueba más de que dentro de todo ritual romántico y escapista una dosis de realísimo en lugar de afectar enaltece.
 
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