Independientemente de filias y fobias personales, propongo algunos escenarios que considero probables.

I.- Andrés Manuel López Obrador obtiene una cómoda ventaja de, cuando menos, cinco puntos porcentuales. Los otros tres candidatos reconocen su derrota por la noche del primero de julio.

II.- José Antonio Meade, Ricardo Anaya o Margarita Zavala consiguen lo que parecía imposible: convencer al voto útil anti AMLO, alinearlo y lograr una ventaja muy estrecha. Arrancan de inmediato las negociaciones entre los equipos contendientes para repartir el pastel. Andrés Manuel alza la voz y el tigre sale de su jaula.

Aunque hoy Anaya tiene más posibilidades de competir a Andrés Manuel, en una campaña de 90 días todo puede suceder, de modo que puede resultar electo cualquiera de los cuatro. A diferencia de las tres últimas elecciones, ahora existe más claridad acerca de la primaria electoral que están jugando los aspirantes a unificar el voto útil anti AMLO. Ése sólo hecho lo cambia todo. Hasta hoy, su enfrentamiento los ha polarizado tanto que muchos pro PRI o Zavalistas podrían preferir a Andrés Manuel frente a Ricardo Anaya. Así se explica que, en el careo Anaya-López Obrador, el segundo aventaje más de 10 por ciento al primero (Encuesta Massive Caller, marzo, promovida y ostentada por el equipo de Anaya, para vender la idea de que la competencia es entre dos).

Digamos que uno de los tres logra saltar ese obstáculo y llega a la Presidencia de la República. ¿Qué sucedería?

Si fuera Meade tendría que pagar muchos favores a los cacicazgos del PRI, a quienes debería la Presidencia de la República y a los que financiaron su campaña. Antes de que pueda relanzar la economía y el empleo tendrá que cumplir con sus padrinos. Entre que son peras o manzanas, se le irá medio sexenio. No tendrá cara para ir tras los corruptos, si perdona a los gobernadores que hicieron de las suyas durante su paso por Hacienda. Quizá rompa con Peña Nieto, para legitimarse, pero difícilmente procederá contra éste o contra algún integrante de su gabinete. Los peces gordos no llegarán a sardinas.

De resultar Ricardo Anaya, sería un presidente con la mano dura de Felipe, pero con el equipo de Fox. Parece claro que veríamos a la dupla Castañeda/Creel en posiciones destacadas. ¿Resultará la segunda vez, lo que no funcionó la primera? Con Fox eran 18 años más jóvenes, eran ambiciosos y querían la Presidencia. Castañeda propuso romper con el pasado; Creel quiso negociar con sus emisarios. El segundo ganó y así nos fue. Se me antoja difícil que un Anaya presidente los escuche y actúe en consecuencia. Como presidente estaría culminando la madre de todas sus jugadas con una misma estrategia: frialdad y deslealtad hacia sus cercanos, fortalecido por la titularidad del Ejecutivo. Los extremistas apasionados, que temen una irrupción chavista en López Obrador, deberán cuidarse de que un Vladimir Putin aparezca en tierras mexicanas.

Desde mi punto de vista, Margarita sería la mejor de los tres, pero según los más recientes estudios de opinión tiene menos posibilidades de lograrlo. Sería mejor opción porque vio de cerca los errores de su marido. Como primera dama probó el poder presidencial y en una segunda oportunidad podría enmendar el camino como jefa del Estado mexicano. Como la primera mujer presidente podría propiciar una relación diferente con el ciudadano. En el fondo, creo que todo seguiría igual, al menos en el plano general, político, económico y social.

El escenario con Meade, Anaya o Zavala sería muy similar a lo que estamos viviendo. Cuando mucho veríamos un cambio de estilo y de Twitter. Ninguno tendría mayoría en el Congreso. Tendrían que pagar las deudas por acceder al poder y ello trabaría las posibilidades de un cambio real. Los gobernadores seguirían siendo dueños de los diputados y controlarían una parte significativa del Presupuesto de Egresos de la Federación. A fin de cuentas, la lana es lo que cuenta en este juego.

Una Presidencia de López Obrador nos podría enfrentar a tres escenarios diferentes. 1) Un cambio de régimen para bien, tomando lo bueno del actual y enderezando lo malo. 2) Ser uno más del montón, conservando la cómoda mediocridad a la que estamos acostumbrados. 3) Un retroceso autoritario. El primer escenario sería excelente, aunque algo difícil de lograr. Tiene gente de primer nivel en su equipo, pero uno que otro no pasan la prueba democrática básica. En el segundo escenario resultaría igual que sus predecesores.

Finalmente, de resultar “un peligro para México”, que es una de seis posibilidades, el marco constitucional haría difícil que cometiera locuras, aunque podría hacerlas. Pero no nos engañemos, la responsabilidad recaería en los precedentes 18 años de mediocridad. Es fácil señalar, advertir y prender la alarma, “ahí viene el lobo”. Más fácil y sencillo hubiera sido que quienes se dicen demócratas hubieran gobernado bien y para bien de todos. Millones de mexicanos quieren creer, les urge creer que es posible otro México, algo que sólo puede abanderar AMLO. Espero que lo consiga para bien, que las débiles instituciones democráticas resistan cualquier embate y que empecemos a salir adelante.

@chuyramirezr 
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