Uno de nuestros grandes temas y siempre es la justicia. La correcta aplicación de las leyes. Incluso, no tanto su interpretación, sino algo sencillo y puntilloso: su aplicación. Y justicia es lo que menos tenemos en estos momentos en México. Sólo hace falta recordar los infaustos acontecimientos de hace unos días en Culiacán donde se capturó (hay dos versiones, por informes de la DEA norteamericana o la segunda, que es peor, por error) al hijo del Chapo Guzmán, Ovidio Guzmán, para luego en un acto a todas luces ilegal, soltarlo. Como siempre, Andrés Manuel López Obrador alegó cuestión “humanitaria” para que no hubiese “muertes”, pero lo cierto es el marco de ilegalidad, temor, cobardía y poca capacidad de las instituciones para hacer valer eso llamado justicia.

La renuncia de un magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Eduardo Medina Mora, identificado con el panismo recalcitrante y con fuertes señalamientos de tufo de corrupción y lavado de dinero, vino a poner en la picota pública la labor de jueces, magistrados y todo lo relacionado con el orden y la justicia en México. Justo cuando se ventilaba lo de la “renuncia” (lo renunciaron por presiones del más alto nivel del Ejecutivo, ahora todo mundo lo sabe) de Eduardo Medina Mora, aquí en la vecindad, justo el día de su cumpleaños, Miriam Cárdenas anunciaba su jubilación, la separación de su cargo (magistrada) y, por extensión, a la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia del Estado. Cárdenas Cantú asumió la Presidencia del Poder Judicial en enero de 2016 y en teoría su gestión terminaría en diciembre de 2020. No. Se retira en estos días. Hoy.

Miriam Cárdenas Cantú, quien fue la primera mujer en asumir este rol, tan alto encargo jurídico, perteneció o pertenece a la misma generación de otros abogados que han estado encimados en los primeros cargos del poder político en Coahuila, como Rubén Moreira (exgobernador y hoy diputado federal de triste papel) y Gregorio Pérez Mata (jubilado y expresidente del TSJ, precisamente). Con un buen currículo bajo el brazo, Miriam Cárdenas fue diputada local suplente, diputada federal plurinominal, presidenta de la Comisión de los Derechos Humanos de Coahuila y hoy se jubila como magistrada. Decía el Premio Nobel Octavio Paz que no hay que acercarse mucho al príncipe porque quema, y este fuego quema y no purifica. Y usted lo sabe, paradójicamente el estar cerca del Príncipe (Presidente o Gobernador en turno), en este caso Humberto Moreira y sobre todo Rubén Moreira, en el caso de Cárdenas Cantú fue primero su virtud y los puestos obtenidos, ya luego fue y es su condena. Todo obedece a un orden y reacomodo político, y el gobernador Miguel Ángel Riquelme sigue ordenando su tablero de ajedrez político comarcano y nacional, y no dude usted de este cambio con tufo manifiesto al respecto.

ESQUINA-BAJAN

Y en este reordenamiento, no dudo dos figuras se van a volver fundamentales al respecto: una inclusión y la llegada de un magistrado a la Presidencia del TSJ. Para el segundo caso, quien asumirá el control del Poder Judicial será Miguel Mery. Forma parte de un equipo, de un team político muy afín al Gobernador lagunero por lo cual las diligencias judiciales y los pendientes, hartos pendientes dejados tanto por Miriam como por el tristemente célebre Gregorio Pérez Mata, el magistrado Mery habrá de desahogar entuertos, tapar pozos sin fondo y poner en su justo sitio, sí, aplicar la justicia a organismos y también a jueces y secretarios involucrados en diversos fraudes del dominio público: el famoso caso del Ficrea (destapado aquí en estas páginas por el académico y abogado Víctor S. Peña y luego, con un seguimiento puntilloso y letal por parte del periodista de investigación, Luis Carlos Plata), el caso del gigantesco caso del Infonavit y otros.

Miguel Mery, no lo dudo, llegará a la Presidencia del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila. Es una tirada de naipes. La otra es la llegada como magistrado del académico, el ibérico Luis Efrén Ríos Vega (Saltillo, Coahuila, 1971). Ambas incursiones se darán a partir de hoy jueves 31 de octubre. Yo no tengo ninguna duda. No es cuestión de adivinar, sino que es lo más sano y esperado por todo mundo en Coahuila. Aunque voy a publicar un díptico al respecto, hoy me centro en la figura de quien va a llegar a ofrecer un soplo de aire fresco al Poder Judicial, Luis Efrén Ríos Vega. Defensor de oficio, secretario de Juzgado de Sala Penal, secretario General, el ibérico conoce los intestinos, la urdimbre del Poder Judicial donde ha trabajado largamente y donde es muy conocido, por eso, al preguntar de su llegada, de su posible llegada como magistrado, los comentarios positivos no se hicieron esperar en mi encuesta.

Ya luego Ríos Vega, si usted lo recuerda, se fue a colaborar de tiempo completo a la oficina del Ejecutivo de Coahuila (Enrique Martínez y Martínez) donde fue parte vertebral en las reformas constitucionales de largo y ancho calado legal, que fueron el sello distintivo de la administración martinista. Luego, su periplo académico europeo lo vistió de blasones y referencias que ahora son su fuerte, tanto en México como en Europa. Otra cosa: con la llegada como magistrado de LERV, será un relevo generacional a un Poder Judicial que buena falta le hace ver hacia el futuro por la coyuntura y agenda que se están dando a nivel federal. Como director de la Academia Interamericana de Derechos Humanos su proyecto editorial ya es un parteaguas y referente nacional. Su llegada, insisto, viene a ofrecer oxígeno puro a un Poder Judicial muy cuestionado en todos los aspectos bajo la dirección de sus dos últimos presidentes.

LETRAS MINÚSCULAS

Al ibérico Luis Efrén Ríos se le ama o se le detesta. O las dos cosas. Hoy inicia una nueva etapa como magistrado. Regresaré al tema.