Si estuviésemos pendientes de lo verdaderamente relevante, sabríamos que la justicia coahuilense volvió a ser víctima de una violación tumultuaria

Y me acordé del chiste del tipo que llega al consultorio médico con un hacha de leñador incrustada en la frente. El doctor, curtido desde sus días como pasante en los cuadros clínicos más cruentos del área de urgencias, casi se desmaya al ver al individuo en semejante condición mismo que, sin embargo, arribó muy fresco por su propio pie. “¡Buenos días, doctor! Por favor, cúreme este catarro que no lo soporto”. 

El médico atónito pensó que quizás la lesión del lóbulo frontal hacía desvariar al desgraciado. “¡Qué barbaridad! ¡Recuéstese! Tenemos que internarlo de emergencia y remover el hierro de su cara con la esperanza de que no haya afectado alguna arteria vital”. “¡Qué no, doctor, por favor! Sólo cúreme el catarro”. “Pero… pero… ¡El hacha! 

¡El hacha! ¿Qué no se da cuenta que está vivo de milagro, que tenemos que hacer algo de inmediato para salvarlo?”. “¡Le digo que no, doctor! Deme algo para el resfriado. Ya después con los días veremos lo del hacha”. 

“¿Pero por qué rayos insiste en qué le cure primero el catarro antes de atender esa mortal lesión?”. “¡Pues qué no ve, doctor, que cada vez que estornudo, con el mango del hacha me golpeo en los huevos!”. 


Somos como uno de los personajes de este cuentecillo y no, no es el abnegado profesional de la salud. Nos parecemos más bien al necio paciente de mortificada entrepierna. Lo digo porque siempre damos prioridad a los asuntos que nos molestan, que nos irritan y que fácilmente comprendemos, muy por encima de los de mayor relevancia y gravedad que nos exigen en cambio un poco más de tiempo y análisis. 


El tema de la semana fue sin duda la gasolina. Todos tenemos una opinión al respecto y sin empacho la colgamos en la red con el ánimo de que nuestros desvaríos se viralicen o bien, nos acarreen la muerte por “cíberlapidación”. 

Se debe a que el asunto del carburante es de una elementalidad que literalmente lo puede asimilar y explicar un párvulo de kínder, al menos en su nota esencial: sea por la razón que sea –gobierno o no gobierno; pánico o no pánico–, “la gasolina escaseó y ello me afecta, ya sea porque me quedé sin combustible, me vi obligado a planear mis viajes y salidas, tuve que hacer filas o visitar varios establecimientos, etcétera”.
Es un problema concreto que provoca una molestia concreta: “Me duele y quiero que me deje de doler”. 

Mas, lo mismo que en la salud, hay en el gobierno y la administración pública cánceres más silenciosos de los que no queremos enterarnos porque nos resulta muy arduo, complicado, cansado, pesado o abstracto. 

Pero si el tiempo que nos dedicamos a plañir por la gasolina, lo dedicásemos a explorar en las noticias que verdaderamente nos conciernen y no sólo las que nos dan comezón, estaríamos comentando que el Poder Judicial de Coahuila sigue protegiendo a los perpetradores del “huachicoleo monetario” a gran escala que desangró a esta entidad para siempre, conocido como el tenebroso caso del profe vacilador y la monstruosa “megadeuda”. 

Se lo insisto cada vez que puedo: este no es un tema pasajero; el de la “megadeuda” no es una moda ni el escándalo del sexenio, es un algo que repercute a las generaciones venideras y ha condenado el desarrollo del estado en lo que resta de nuestras vidas. 

Hace unos días se reveló que un expediente relativo a esa mezcla de rata y chivo expiatorio, Javier Villarreal Hernández, extesorero durante la administración de Humberto Moreira, se clasificó como reservado, es decir, como información secreta que los ciudadanos no merecemos conocer. 

Ni se moleste en preguntar por qué el Poder Judicial consideró volver secreto el expediente más importante de Coahuila, no tiene respuesta para ello o al menos no la ha ofrecido, aunque sí que la hay. Y es tan sencillo como asegurar que aún, al día de hoy, existe una red de complicidades en la estructura de Gobierno que buscan soterrar todos los documentos, información y pistas concernientes a la contratación ilegal de créditos bancarios y al infame desvío de recursos del que jamás podrá ya Coahuila levantar cabeza. 

Así de simple. ¿Y por qué habría de ser de otra manera si quienes gobiernan y ocupan los cargos relevantes son personajes afines al régimen de los Moreira? Es por ello que mientras en España y Estados Unidos aún continúan las pesquisas contra estos peces gordos, aquí en su terruño están desesperados por facilitarles la evasión de la justicia. 

Así que usted me puede venir a decir que tuvo una horrible semana tratando de llenar el tanque de su vehículo, pero si estuviésemos pendientes de lo verdaderamente relevante, sabría que lo suyo no fue nada comparado con la semana que tuvo la justicia coahuilense, que volvió a ser víctima de una violación tumultuaria por parte de quienes dicen representarla y defenderla. 

Está muy bien que queramos atender ese golpe en las gónadas, pero nomás por no dejar deberíamos echarle un vistazo también al hachazo que traemos bien colocado en la frente.


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