“El mundo es un escenario”

W. Shakespeare

La danza como una de las artes escénicas, requiere de tres elementos básicos para su representación: el bailarín, el espectador y el espacio. Desde los montículos que sirvieron de altar y se transformaron en foros hasta la skené griega y el scenarium romano, el espacio ha evolucionado a la par de las manifestaciones artísticas, acompañando al surgimiento de las más diversas formas, géneros y estilos danzarios.

Sin embargo, una de las principales problemáticas detectadas en el Plan Nacional de Danza, el consenso pendiente, gira en torno a la infraestructura cultural, haciendo mención, entre otras cosas: la escasez de espacios para creación, ensayo y presentación de obra; las políticas de programación poco accesibles; los elevados costos de renta y los extensos trámites burocráticos; y en algunos casos, hasta la discrecionalidad con la que las instancias de gobierno benefician a sólo unos cuántos. Por otra parte, se menciona la carencia de mantenimiento y equipamiento de los foros, teatros y salones de danza que pertenecen a instituciones culturales; así como la falta de capacitación técnica y administrativa de quienes laboran en ellos. En cuanto a la programación, que es percibida como cerrada para quienes hacen danza, también se observa que cada vez más se inclina hacia la opción económica, recibiendo a empresas promotoras de espectáculos de entretenimiento de escaso o nulo valor cultural, imposibilitando con esto la participación amplia de los agentes culturales locales. Otra de las necesidades que se observan en este ámbito, es el acompañamiento, apoyo y promoción a quienes emprenden proyectos de espacios independientes, para que se vuelvan sustentables y ofrezcan una opción viable para los artistas de la región.

Los anteriores aspectos de coincidencia y reiteración en las respuestas, derivan en la necesidad de políticas y criterios de programación de espacios escénicos, estableciéndose como uno de los nueve ejes de diálogo, sobre el que cerca de 20 profesionales de la danza de ocho diferentes estados se reunieron de manera virtual con el objetivo de relacionar dicha problemática, identificar y contextualizar niveles de incidencia desde lo individual y de sector, hasta las instancias municipales, estatales y federales, para, a través de propuestas concretas, generar una agenda conjunta de acciones en corresponsabilidad y vinculándose con la sociedad civil y la iniciativa privada.

De esta reunión emanan algunas propuestas que se enfocan principalmente en la recuperación de espacios públicos como parte de la recuperación del tejido social, la colaboración dancística entre grupos pequeños para acceder a escenarios de gran formato, la articulación de un presupuesto participativo involucrando a la Sociedad Civil y a las instancias de gobierno, la elaboración de un calendario de festivales y convocatorias y de un manual de gestión para los espacios oficiales, el uso eficiente de los espacios alternativos, entre otras.

Estos esfuerzos coinciden con el programa nacional de vinculación cultural, en el que a través de Misiones por la diversidad cultural, la Milpa Cultural visita los principales municipios de los 32 estados, aplicando cinco diferentes herramientas, una de ellas: el mapeo colectivo, precisamente analiza los espacios públicos, privados e institucionales, en función a su entorno, estado, uso y potencial, arrojando algunos puntos de coincidencia en cuanto al estado de abandono del Teatro del IMSS y la inseguridad de su entorno. Para lo que se propone un comodato para tomar la administración y responsabilidad del inmueble.

Por otra parte, el uso comercial (con graduaciones escolares, shows de comedia musicales, etc.) del Teatro de la Ciudad Fernando Soler y la falta de equipamiento de su Teatro de Cámara, así como la poca accesibilidad al escenario principal para los artistas locales por sus altos costos fueron las respuestas que aunque escasas, representaron el sentir general de una comunidad con poca afluencia a estos espacios de expresión.

Aunque en su momento se abordaron estos temas desde el Consejo de Cultura poca incidencia se tuvo en las donaciones del Teatro de la Ciudad de Monclova y Piedras Negras, y nula respuesta tuvo la propuesta de calendarización de eventos en los principales foros del estado, considerando una proporción demográfica entre disciplinas, la calidad comprobable del espectáculo, (con base en ciertos indicadores de curaduría), la trayectoria del grupo, su público cautivo, entre otros. 

La versatilidad de la danza permite que todo espacio pueda transformarse en un escenario, posibilitando el acceso a cada vez más público en sectores de la población que pocas veces acuden a los recintos oficiales para presenciar una función dancística. Más allá del Teatro de la Ciudad, el Paraninfo del Ateneo Fuente, el Teatro del IMSS, el auditorio del ITS y de la UAAAN, se suman cada vez más espacios independientes, y no convencionales como asilos, albergues, centros de readaptación, plazas públicas, centros comunitarios, ejidos,  y todo aquel espacio que brinde la posibilidad de trascender lo tangible y lo temporal para alcanzar el efímero instante en el que el artista y quien lo observa logran fusionarse en una unidad intangible y atemporal.