Ante los acontecimientos recientes, no queda más que analizar lo que se está haciendo en México en comparación con el resto del mundo. Las críticas a la administración actual son por decir lo menos, muy severas. Quitando la parte sanitaria donde el día de ayer se dijo que han muerto 120 mil personas (que no debieron morir) por el mal manejo gubernamental de la pandemia, habrá que analizar un poco cómo está el país en relación a otros países de características similares en el resto del mundo.

Mientras que en México no se ha invertido un solo peso para rescatar empresas o empleos, en España se gastó el 1.3 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) y perdió 360 mil 105 empleos, mientras que aquí se perdieron un millón doscientos mil. Aunque en términos poblacionales ambos países son muy diferentes, las cifras sólo pretenden ilustrar que no necesariamente las medidas fiscales son exitosas. España tuvo un -10.8 por ciento de decrecimiento en su PIB, mientras que México perdió sólo el 8.5 por ciento.

La serie de cifras anteriores muestra que, para cada economía, una medida general no necesariamente será efectiva porque hay otros factores aledaños que cambian la sinergia de los componentes económicos sobre todo de corto plazo. España y Europa en general no han podido encontrar una estrategia única que les permita aminorar los efectos de la crisis sanitaria. A pesar de que Alemania decreció menos del 2 por ciento, pero llegó a invertir el 8 por ciento de su PIB para evitar mayores consecuencias negativas, el resto de los países no han sabido qué hacer o en qué rubro quieren aceptar las pérdidas. Es claro que todo tiene un precio.

En América del Sur, las cosas son peores que en México con excepción de Chile. Argentina tuvo una caída en su economía del 9.9 por ciento, a pesar de haber invertido en rescates empresariales un aproximado del 2 por ciento de su PIB. Tampoco le funcionó y ahora no sólo tiene que hacer frente a la pérdida de empleos, sino también a una deuda gigantesca, acrecentada por lo que se pidió prestado para evitar caer más. Colombia tuvo una contracción económica del 6.8%, pero se endeudó para evitar mayores daños económicos.

Después de Chile, México ha podido sortear mejor la crisis sanitaria, a pesar de una pérdida de empleos importante. Sólo Brasil en este continente tiene mayores pérdidas en empleos, inversión e inflación que nuestro país, pero definitivamente el enfoque de su presidente (negar hasta que existe el virus) no da la oportunidad ni siquiera de hacer una comparación.

Con respecto a Asia, podría haber grandes diferencias, sobre todo porque en China, por ejemplo, se han creado vacunas y su propia forma de gobierno, no haría que la comparación fuera justa. Japón no ha tenido una caída mayor al 2 por ciento de su PIB, Corea del Sur sufrió el embate de la enfermedad, pero al inicio de la pandemia y poco a poco se ha ido recuperando. Los países asiáticos en general han sido capaces de crear condiciones de salida de la pandemia muy rápida y a pesar de reducciones considerables en sus economías, no se comparan con México. Por ejemplo, el PIB de Indonesia, país similar al nuestro en habitantes y tamaño de la economía, sólo decreció un 2.1 por ciento y Malasia no decrecerá más del 4 por ciento. La evidencia sugiere que en este continente, por alguna razón, se han podido reducir más las pérdidas que en cualquier otro, aunque para algunos especialistas, la razón es que China actúa como tractor de otras economías de la región de manera directa a través de integrarse a sus cadenas productivas.

Con África no habría mucho qué decir, pues quitando a Sudáfrica y Egipto, el resto de los países han vivido en las últimas dos décadas, cuando menos, en guerras civiles o crisis económicas recurrentes, lo que haría imposible saber cuánto en realidad les ha afectado la crisis sanitaria actual. Para el caso de Sudáfrica la reducción del PIB fue del 7 por ciento, mientras que para Egipto será un crecimiento del 3.5 por ciento, aunque su medición corta en los meses de junio de cada año. En cualquier caso, será positivo.

En conclusión, hay cierta evidencia de que México no está haciendo las cosas correctamente, aunque muchos digan lo contrario. Económicamente, hay políticas públicas que han dejado un sentir positivo como la recaudación récord del año pasado, el aumento al salario mínimo, pero que se pierden contra políticas o acciones desastrosas como la cancelación del nuevo aeropuerto, la cancelación de la cervecería en Mexicali por medio de una encuesta que no tuvo representatividad, por mencionar algunos ejemplos de las problemáticas económicas que han rebasado las buenas acciones.

En otras latitudes, el proceso de recuperación ya inició con la asignación de presupuestos orientados a atender las problemáticas económicas presentes (en Alemania el 6 por ciento del presupuesto total irá a fortalecer las empresas de manufactura y la educación, en Italia el 11 por ciento irá a programas de desarrollo de la microempresa) como inversiones gubernamentales para generar empleo, reducción de las tasas impositivas para que las empresas no cierren y no despidan gente, creación de fondos de apoyo a empresas en situación de cierre inminente y en Canadá se dan hasta cursos de capacitación gratis por parte de las universidades para que las empresas cambien de giro y desarrollen capacidades específicas en nuevos mercados. En México, sólo parece haber ocurrencias diarias y sigue sin diseñarse una política industrial orientada a salvaguardar el empleo, a hacer de nuestro país un lugar atractivo y seguro para la inversión. No ha habido un buen manejo de la economía durante la pandemia, pero parece que tampoco desde antes y los datos no dicen lo contrario.