El Plan de Rescate propuesto por el presidente Joe Biden y aprobado por la Congreso el 10 de marzo es cambio radical en política económica. El paquete de apoyos a pequeñas y medianas empresas y a familias es de 1.9 billones de dólares. El Estado impulsa la economía.

En la crisis de 2007-2009, el presidente Barack Obama apoyó con más de 900 mil millones de dólares (mmdd) a bancos, aseguradoras y empresas automotrices, pero la economía continuó contraída y no se impulsó el consumo como componente de la demanda agregada.

La crisis actual provino de una variable inesperada y más agresiva, la pandemia generada por el COVID-19, que contrajo y cadenas de valor y distribución de bienes y servicios a nivel mundial. Si el crecimiento global estaba estancado en alrededor de 2% anual desde la crisis hipotecaria de 2008, la contingencia sanitaria provocó peores caídas de las economías nacionales y regionales, más aún con los débiles sistemas de salud en países desarrollados y subdesarrollados.

El Plan de Rescate incluye: pagos directos a personas por 2 mil 600 dólares, incluidos casados con indocumentados; 70 mmdd en vacunas para toda la población (incluidos indocumentados), además pruebas y laboratorios para jurisdicciones locales; 350 mmdd para gobiernos estatales, locales y condados; más de 20 mmdd para modernizar el transporte público, (unidades eléctricas); mil 400 dólares semanales a empleadores con menos de 500 empleados que otorguen facilidades a trabajadores con familiares contagiados (106 millones de beneficiarios); ampliar crédito fiscal a familias con hijos menores de seis y 17 años a 3,600 y 3,000 dólares respectivamente; 25 mmdd para abrir centros de cuidado infantil y 15 mmdd a trabajadores para cubrir costos de cuidado infantil; 300 mmdd para abrir escuelas y personal especializado en salud mental de estudiantes; 35 mmdd para colegios y universidades; cinco mmdd para escuelas más afectadas por el virus; ampliar moratoria para desalojos de vivienda, incluye 30 mmdd para desempleados de bajos ingresos para cubrir alquiler; 175 mmdd en créditos con tasa de interés preferencial para pequeñas empresas y 15 mmdd en subsidios; contratar a empleados despedidos de restaurantes para programas de nutrición.

Los senadores rechazaron discutir incrementos del salario mínimo -y establecerlo donde no se aplica- de 7.25 a 15 dólares (¡).

Resulta extraño que los “mercados financieros” ahora sí confían en la recuperación impulsada por el gobierno, pues las bolsas de valores elevaron cotizaciones en 4% promedio, ese Estado “obeso y paternalista” que desquiciadamente critica la derecha política, académica y mediática.

Hay más. Con incremento del impuesto sobre la renta de 21% a 27% el ejecutivo estadounidense presentó otro plan para modernizar infraestructura urbana y productiva: carreteras y autopistas, red internet en todo el territorio, sistemas de agua y alcantarillado, unidades eléctricas en transporte público. Pendiente discusión con el Partido Republicano.

Los opositores al plan argumentan riesgos de incremento en inflación y tasas de interés por la amplia liquidez, además depreciación del dólar, sin embargo, la crítica situación amerita riesgos.

En Estados Unidos se prevé crecimiento económico de 6.5% este año, con efectos positivos en México que, con otras variables adicionales, crecería alrededor de 4.5%, con riesgo de impacto en el nivel de precios si se elevan los precios de las importaciones.

En nuestro país el equilibrio fiscal es estrategia política para no provocar inflación arriba de 5% (“¡catástrofe chavista!”). La situación sería socialmente caótica sin los apoyos “a los de abajo”, sin proyectos de infraestructura en el sureste y sin créditos mínimos a microempresas, pero esto no es suficiente. Incrementar el gasto público estratégico es pertinente y necesario.

Nota: positivamente significativo que el presidente Biden proclamara el 31 de marzo como Día de César Chávez (1927-1993), líder histórico de los trabajadores agrícolas, y que en entrevistas televisadas aparezca con un busto estilizado del demócrata Robert Kennedy (1925-1968), ícono histórico de la transformación política mutilada en Estados Unidos.