Tiempos de campañas y promesas. 

En el Auditorio del Parque Las Maravillas, el ahora candidato a la gubernatura dijo: “Cuando empeño mi palabra, la cumplo sin titubeo, a mí no me tiembla la mano para cambiar lo que tenga que cambiar” (VANGUARDIA, 19 marzo 2017). Vaya novedad en la propuesta: pero si es, precisamente, de palabras empeñadas que se ha desbordado la paciencia. 

El antecedente inmediato del que ahora habla fuerte no sólo empeñó su palabra, sino que hasta firmó compromisos. Por entonces, la madre de todas las promesas era que Coahuila sería un estado de leyes.

De manera puntual, el 16 de mayo de 2011, el todavía Gobernador dijo: “A los abogados, a los estudiosos del derecho y a todos los coahuilenses en general, los invito a pensar no sólo en mejores leyes, sino también a imaginar una nueva Constitución para el estado”. ¿El resultado? Una vez asegurada la silla, el viento.

Ejemplos sobran. 

Iniciada la administración, una mejora a las leyes de Desarrollo Social fue desincentivar aspiraciones electorales del titular del área. Ya se sabe: para que no cambiara tinacos y despensas por votos. Pues bien: a los pocos meses se volvió a cambiar la ley y eso permitió que el entonces Secretario llegara a la Presidencia de Torreón y, ahora, aspire a la grande coahuilense. Poco duró la mejora.

La historia no termina ahí. 

Otra supuesta mejora fue la de elevar a Secretaría la instancia de la juventud. En Ley, y a propuesta del todavía titular del Ejecutivo, se derrochó tinta para describir una estructura magnífica a favor de este sector adecuando varias leyes y constituyendo, en papel y bajo una pomposa denominación, el “Sistema Estatal para la Participación Social de la Juventud”.  

Se acabó el sexenio y nada. 

Quien busque una voz oficial sobre la instalación y funcionamiento del mencionado Sistema Estatal tendrá por respuesta: “dicho Sistema debe de operar como un esfuerzo conjunto con los diversos órdenes de Gobierno, razón por la cual aún se carece formalmente de su constitución” (respuesta a solicitud de información 0018317 realizada ante la Secretaría de la Juventud).

Luego, en esta misma respuesta, viene una joya: “sin embargo, cabe mencionar que la juventud coahuilense sí ha estado debidamente atendida y considerada en sus necesidades fundamentales mediante los diversos y continuos programas que tiene…” bla, bla, bla.

Es decir: no se observa la ley, no se respeta lo que aprobaron los diputados, se ignora lo escrito en la oficia del Ejecutivo… pero se le pone un parche a la “respuesta” para que el jefe no se moleste. Así el estilo de la transparencia con ley reconocida internacionalmente. Juventud, divino tesoro.

De todo el entuerto legislativo, lo único cierto es que se catapultó la carrera de quien, vía esa Secretaría de la Juventud, llegó a dirigente estatal del partido del (todavía y por poco) Gobernador. Por lo demás, se hizo más o menos lo mismo que ya se conocía.

El Ejecutivo retacó al Legislativo, ése fue su legado. Éste sólo atinó a decir que sí a todo. Al final, lo mismo.

Imagínese que hasta se tiene una Ley de Filmaciones. Otra letra muerta: la Comisión Estatal de Filmaciones del Estado de Coahuila no cuenta con suficiencia presupuestal, no se ha integrado su Consejo Directivo, ni hay actividad relacionada con la misma, dicen las respuestas oficiales (solicitud 147417, a la Secretaría de Cultura). Fin de sexenio. 

Otros casos en el tintero. Pero, para eso, la tercera entrega la próxima semana.  

@victorspena