¿Los estereotipos son por definición negativos? A esta cuestión la respuesta suele ser sí. Los estereotipos son creencias que pueden ser ciertas, equivocadas o exageradas. Estereotipar no es más que una forma de generalizar para simplificar la realidad humana: los ingleses son fríos, los alemanes trabajadores, los mexicanos flojos, haraganes, sobre todo los del sur; los norteños son emprendedores, laboriosos; las mujeres son frágiles y son malas para las matemáticas. Éstas son creencias que en general se toman como verdades absolutas e influyen en nuestro actuar.

Los estereotipos derivan en prejuicios y estos en actitudes, sentimientos, predisposiciones, cogniciones, creencias y conductas que se adoptan ante situaciones concretas de la realidad y por lo general persisten por inercia.

La cultura mexicana está cargada de estereotipos y prejuicios, el racismo mantiene un arraigo impresionante, en la práctica persisten abierta o veladamente actitudes de rechazo y discriminación basadas en prejuicios racistas; es común jerarquizar a las personas con base en su estatura y el color de su piel, como si esos elementos formaran parte de su naturaleza humana.

De acuerdo a los estudios antropológicos, las discriminaciones por el aspecto físico son milenarias, en cambio el racismo como ideología para justificar la dominación sobre otros grupos está muy conectado al nacimiento del Estado-Nación moderno a partir del siglo 16.

El presidente Donald Trump ha revivido el racismo siempre latente de Norteamérica en contra de los migrantes mexicanos que, aunque son un factor determinante del sustento del desarrollo económico, son discriminados en exceso.

En México, el binomio racismo y discriminación es aún poco reconocido por nuestra sociedad, aunque es común estimar que una persona es inferior –social, cultural y económicamente– sólo por tener rasgos indígenas. Esas creencias y actitudes discriminatorias obedecen a la idea de que los grupos humanos distintos a los europeos blancos son inferiores, por lo que se justifican las exclusiones, restricciones o preferencias basadas en la raza, el color o el origen étnico.

El acuerdo firmado por la Presidencia de la República, ante el juego de reelección de Trump a la Presidencia de Estados Unidos y su exigencia para contener las caravanas migratorias multitudinarias que transitaban hacia su país, se ha convertido en un conflicto mayúsculo porque la migración no se detiene, es un río humano que corre ante la imposibilidad de sobrevivir en Guatemala, Honduras y El Salvador; con la incorporación de la Guardia Nacional el conflicto se endurece y la participación de la delincuencia organizada no se contiene.

Ante la situación de emergencia, el presidente Andrés Manuel López Obrador puso en marcha el Plan de Desarrollo integral de Centroamérica con el respaldo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Europea (UE), para responder a las causas fundamentales de la movilidad humana y garantizar el acceso al asilo para las personas que necesitan protección internacional, en estrecha coordinación con los Gobiernos centroamericanos.

El tránsito migratorio ha despertado la xenofobia latente en la sociedad mexicana que los ve como una amenaza: nos invadirán, son delincuentes, nos quitarán el trabajo, dicen; eso ha obligado al Gobierno Federal, a través de la Secretaría de Gobernación y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), a emitir una campaña contra la discriminación mediante una guía para prevenir y evitar el “perfilamiento racial” en las detenciones de esas personas.

Esta semana los gobernadores del noreste firmaron un “convenio inédito” de colaboración en materia de inseguridad en cuestión de derechos humanos, prevención, investigación, persecución del delito, migrantes, combate a la corrupción… (VANGUARDIA, 11-06-19), ésta puede ser la coartada perfecta para detener migrantes, pero ojalá Miguel Riquelme persiga y detenga a los que provocaron la megadeuda, con ello podría obtener algo de la credibilidad que su gobierno no tiene.