Hace unos días, entre las notas amables, leí que la muy saltillense Nieve Ramos concluía de manera triunfal su temporada 2019.

Así que, por un año más de mitigarnos deliciosamente “la calor’s” saltillense, les estamos encarecidamente agradecidos.

De hecho pronto habremos de pensar en la manera adecuada de hacer un reconocimiento a esta familia por un siglo completo de sabor y frescura, ya que el negocio es una tradición que se remonta 94 años.

Así que en una ciudad en constante expansión y gradual calentamiento es bueno contar, desde 1925, con el gran aliado de la Nieve Ramos.

La nota agregaba que la familia Ramos, dueña de esta tradición casi centenaria, había decidido aprovechar la obligada pausa anual para innovar en la elaboración y venta de otra suculencia regional: los tamales.

Los saltillenses, como bien sabemos, padecemos de una deficiencia metabólica que nos hace quejarnos todo el tiempo de las condiciones climatológicas y buscamos regular nuestra temperatura corporal a través de la ingesta calórica.

Durante los meses abrasadores –de abril a agosto– no se nos da abasto con las nieves, raspados, sodas y un largo etcétera. Mientras que de septiembre a febrero no paramos de empacar “pancito”, chocolates, repostería, atoles y por supuesto tamales.

Así que la familia Ramos, lejos de echarse a dormir en sus laureles, le tiró y le pegó a un segmento del mercado que, si bien no es nuevo en absoluto, jamás ve satisfecha su demanda y ahora nos tienen a su merced el año completo. ¡Enhorabuena!

En la reciente entrevista referida, confiesan que las ventas de Nieve Ramos bajan al terminar agosto, pese a que la temporada de calor persista durante septiembre y algunos días de octubre.

Aunque yo en mis años de reportero recogí la versión de que la empresa familiar se rige por los ciclos y tiempos de su mascota. Sí, un animalito, la tortuga “Chacho” –me parece recordar que así se llama– y es la que decide cuándo parar y cuándo reanudar con el negocio de las nieves.

Sucede que con los primeros fríos, el quelonio dice “esto ya no estuvo padre” y se entierra en el jardín para desaparecer por algunos meses. Luego, como estos animalitos vienen equipados con alta tecnología, salen exactamente después del último frente invernal, y su feliz reaparición le indica a la familia Ramos cuándo ponerse a hacer nieves nuevamente.

Eso me lo contaron en su momento de primera mano hace 20 años. Espero que “Chacho” esté bien –esos amiguitos prehistóricos son reduraderos– y que aun siga siendo parte de esa hermosa línea de producción.

La tortuga, al igual que otras especies, entra en un estado que se llama estivación, que consiste en refugiarse y reducir drásticamente sus funciones metabólicas durante la temporada que le resulta adversa.

Así, las ranas por ejemplo, hacen lo propio durante el periodo de sequía; y algunos amigos míos también, durante la ley seca.

La estivación les permite sobrevivir durante meses e incluso años hasta que las condiciones sean más favorables, a cambio de que estos organismos reduzcan toda su actividad biológica al mínimo.

Se sabe que algunos cocodrilos ralentizan su metabolismo hasta los cinco latidos de corazón por minuto.

La naturaleza nos enseña así a sobrevivir durante una sequía o durante una hambruna y quizás eso mismo deberíamos hacer durante la cuesta de enero… y la de febrero y la de marzo.

Los que están muy ausentes, muy silenciosos, como que se los abdujo el ovni o se los chupó la bruja, son los priistas coahuilenses.

Obvio, no estoy diciendo que se extinguieron o que es imposible capturar vivo a alguno de estos ejemplares.

Lo que me causa asombro es el contraste pues, hasta hace no mucho eran la especie predominante y francamente pululaban. Salían hasta debajo de las piedras. Eran en todo protagonistas, sus eventos eran multitudinarios y sus líderes recibían, por parte de los medios y de sus subordinados, trato de realeza.

¿Qué pasó, pues? ¿Acaso están en vías de desaparecer? ¿Pronto serán historia? ¡No tendremos tanta suerte!

Es eso nomás: que como buenos saurios que son –al igual que la tortuguita– entraron en un receso, en periodo de estivación. De momento, sus tricolores organismos reducen su actividad porque no hay muchos recursos de dónde chupar o ubres de dónde mamar.

Pero tenga cuidado, no se confíe y sobre todo, nunca, nunca los dé por extintos, que los priistas coahuiltecos son más tercos que la comezón y el dinosaurio de Monterroso juntos.

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