Me pregunta un lector despistado:

¿Qué nuevo dislate es ese de la “Copa Gobernador” que con tanta insistencia pregonan en los espacios informativos esta semana?

Tratándose de deportes, usualmente le habría contestado que le estaba preguntando a la persona equivocada.

Pero ni nuevo ni para mí desconocido: La Copa Gobernador de Coahuila se celebra usualmente, desde el 2003, previo a la temporada regular de la Liga Mexicana de Beisbol.

Es un torneo breve que involucra a las novenas coahuilenses profesionales, tanto de LMB como de la Liga del Norte.

Lo sé porque acompañé muchos años a mi compadre Pepe a hacer la cobertura de este cuadrangular, para ayudarle durante las pausas a hacer absolutamente nada o, en su defecto, para beber cerveza que para eso se inventó el Rey de los Deportes.

La mentada Copa sirve de entrenamiento previo al inicio de la temporada anual de LMB, para que aficionados del interior del Estado puedan ver jugar a los equipos profesionales y la recaudación se suele destinar a alguna causa altruista.

Pero por supuesto, jamás la Copa Gobernador ameritó mayor cobertura que un juego de pretemporada en la sección deportiva de los medios informativos de la localidad.

Pero esta semana noté que en efecto los noticieros destacaban la Copa y el triunfo de los Saraperos entre sus notas principales, de allí que a mi lector le despertase una natural curiosidad. Le estaban dando relevancia de titular, en diferentes medios, a una nota que habitualmente se pierde en los espacios de su propia sección.

Conociendo a los medios de comunicación de mi Estado, la única explicación posible es que se trataba de un boletín oficial, mismo que todos estaban obligados a destacar y repetir una y otra vez desde el sumario  -o “teaser” como se dice en la jerga-.

Quiero decir que el Gobierno no la despista ni tantito cuando tiene un particular interés metido donde realmente no debería tenerlo, concretamente el Club Saraperos de Saltillo, que durante la administración de Humberto Moreira mezcló sus finanzas con dinero público y cuya operación jamás se ha transparentado desde entonces.

La novena de esta ciudad capital ya se parece en mucho a la Megadeuda Coahuilense: Ya se compra, ya se vende, “que se va”, “que se queda”, es una máquina de perder dinero y es en apariencia una propiedad privada, sin embargo, es un marrano engordado desde hace años con dinero público, el dinero de todos los coahuilenses.

Bajo este esquema es perfecto tener un equipo de beisbol. Si hay gastos, se cubren con dinero del erario, si hay ganancias se van a los bolsillos particulares.

Pero aún hay más: El gobierno coahuilense, experto en lavar dinero a través de compra de publicidad -un gasto que excede por millones lo autorizado para este rubro- puede escamotearnos cualquier cantidad de dinero que decida inyectarle al equipo de casa, a fin de cuentas, es dinero a fondo perdido, nadie espera que se recupere y en realidad nadie se detiene a fiscalizar las finanzas de los Saraperos porque… son una entidad privada… ¿cierto?

La verdad es que el equipo debe ser ya tan suyo como mío, al grado tal que podríamos ordenar un robo de base si lo estimamos conveniente o nomás se nos hincha la gana -a propósito de robos-.

No es casual que gran parte de las decisiones administrativas se tomen desde el Palacio Rosa; como tampoco es coincidencia que no siendo redituable un equipo de beisbol de LMB -básicamente son pasatiempos para multimillonarios- le hayan entrado como inversionistas empresarios de la localidad, que como sabemos, son requete-sueltos con el dinero.

Desde el inicio del presente régimen, hace 13 años, el Gobierno del Estado ha llenado de inmundicia todo lo que toca. Y el beisbol, con todo su poder de convocatoria entre la afición local, no tendría por qué ser la excepción.

“La Nave Verde” que tantas emociones y alegrías nos ha dado en cinco décadas de existencia, hoy no es sino una infame máquina más de las muchas con que el Gobierno de Coahuila nos huachicolea el dinero y, como diría ese prohombre de la ciencia y la investigación periodística seria, Jaime Maussan, nadie hace nada.

Aunque quizás, para ilustrar cómo todo este trinquete administrativo, que ya exprimió hasta las piedras del desierto, les sigue reportando decenas de millones, es mejor citar a aquella leyenda de los Yankees de NY, Yogi Berra: “esto no se acaba, hasta que se acaba”.

 

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