Nos esperan cambios profundos y globales | Ilustración: Alejandro Medina
La crisis sanitaria transformará la organización de las empresas, los hábitos de los consumidores, los ahorros e inversiones de las familias y las relaciones laborales
El trabajador por cuenta propia tiene que adaptarse a los tiempos que vienen. Tendremos que adaptar nuestros hábitos y estilo de vida a la realidad que emerja tras la pandemia”
Jordi Damià, Director ejecutivo de Setecsa

PABLO GUTMAN

Los psicólogos han reflexionado. Son algunos de los vaticinios sobre las posibles repercusiones de la pandemia cuando se supere o, al menos, se controle, pero ¿cómo se aplicarán esos pronósticos a una de las áreas más castigadas por la COVID-19, como es la Economía, y como influirán en la Psicología, actitudes y actuaciones de sus protagonistas: consumidores, familias y empresas?.

“La crisis del nuevo coronavirus tendrá algunas repercusiones previsibles en la psicología, en las actitudes y en los comportamientos de los agentes económicos”, adelanta Jordi Damià director ejecutivo (CEO) de la consultora de innovación tecnológica Setesca (www.setesca.com) y profesor de Estrategia y Competitividad en EADA Business School (www.eada.edu) .

“La organización de las empresas se verá afectada por la pandemia, después de que haya sido superada, según Damià.Este experto prevé que la potencial crisis económica que se generará volverá a provocar que las empresas recurran a la flexibilización de las posiciones, más que a la contratación fija de colaboradores potenciando la “Gig-economy”, es decir trabajos esporádicos de una duración corta y en los que el contratado efectúa una labor específica dentro de un proyecto.

MÁS AGILIDAD, TECNOLOGÍA Y FLEXIBILIDAD

“La actual situación demuestra que la toma de decisiones rápidas puede ayudar a que se vaya imponiendo un modelo más ágil de gestión organizativa”, según Damià.

Además,  “cuando tras probarse las ventajas del teletrabajo y los beneficios que conlleva, muchas organizaciones van a mantenerlo, lo cual forzará a implantar modelos de gestión por objetivos, más que a modelos basados en estar presente físicamente en el lugar de trabajo”, apunta.

“La forma de trabajar y la manera en la que se relacionarán los empleados y sus jefes el “día después”, también se verá impactada por el modelo emergente de teletrabajo que, para desarrollarse, deberá contar con los recursos tecnológicos adecuados, pero sobre todo con metodologías ágiles y orientadas a la gestión”, señala Damià. 

“Esta evolución ayudará a las empresas a ser más efectivas y  a tener jefes más “consultores para sus trabajadores”, que jefes “capataces””, puntualiza.

La crisis de la COVID-19 también repercutirá previsiblemente en los hábitos y la psicología de los consumidores, según el CEO de Setesca.

Vaticina que “las compras ‘en línea’ que se van a producir “acabaran por demostrar a los consumidores la comodidad de esta opción, lo que provocará un aumento de esta modalidad que, a su vez, tendrán un impacto en otros canales de consumo”. 

“Aunque podría producirse una crisis de consumo debido a la sensación de inseguridad que podría impactar en el crecimiento de las compras y en el empleo”, señala.

Damià prevé que el nivel de ahorro de las familias y personas caiga en picado a corto plazo, ya que aumentarán el desempleo y el paro y, por lo tanto, la precariedad a largo plazo.

DEBEREMOS ADAPTARNOS A UN ENTORNO VOLÁTIL

“La evidencia de la volatilidad del entorno en el que vivimos no ayudará al consumo y fomentará que los pocos recursos disponibles se dediquen al ahorro a medio plazo”, añade.

“Aunque tendrá consecuencias como el riesgo de una hipercentralización de la producción”, indica Damià, quien también señala que la crisis del nuevo coronavirus también dejará una serie de tendencias o aprendizajes positivos en materia económica, como por ejemplo la preparación de las empresas para la volatilidad de los entornos, el auge del teletrabajo y la economía “en línea””.

Asimismo, este experto prevé que aumentarán los modelos colaborativos de consumo, es decir el intercambio de bienes y servicios entre dos o más personas a través de plataformas digitales. 

También dice que la tendencia que está observándose es la de que habrá una apreciación más realista y positiva de todo lo que la tecnología puede ofrecer a las empresas, y habrá una necesidad de invertir en investigación científica y en servicios sociales que puedan ‘blindarnos’ en el futuro, ante situaciones como la actual.

Para Damià deberíamos afrontar la etapa que se abrirá tras superarse la crisis, “siendo conscientes de que viviremos en un entorno muy volátil y de la importancia de ser competitivos por nosotros  mismos, sin esperar a que las empresas cubran cualquier contingencia que nos pueda afectar”.

“En esa nueva etapa será necesario que estemos abiertos a nuevos modelos más flexibles de trabajo, que seamos conscientes de la importancia de la solidaridad real para proteger a los más débiles, y que cultivemos un mayor espíritu crítico con las administraciones”, apunta.

“Además, deberemos asumir la importancia de la tecnología como sostén y acelerador de nuevos modelos sociales y económicos, y de la necesidad de la ciencia básica, de un sistema universitario y sanitario muy potente, y de una formación de calidad partiendo de la base”, concluye el experto.