En el caso de Villa Unión ocurría el fin de semana exactamente lo mismo que en Culiacán el 17 de octubre pasado: los delincuentes podían haber provocado una masacre

La nebulosa que suele envolver los hechos de violencia que se registran en Coahuila comenzó a despejarse ayer, cuando se dieron a conocer detalles de lo que, de acuerdo con las autoridades estatales, ocurrió el fin de semana en el municipio de Villa Unión.

Según el fiscal General del Estado, Gerardo Márquez, habrían sido alrededor de medio centenar de presuntos delincuentes quienes dispararon contra el edificio de la Presidencia Municipal de Villa Unión y su intención no era solamente causar daños en el inmueble, sino que incluso planeaban destruirlo prendiéndole fuego.

¿Cuál era el propósito de esta acción? Según le declaró el Fiscal a una estación radiofónica de la Ciudad de México, la intención de los delincuentes era hacerse con el control de la región y para ello decidieron recurrir a una estrategia de amedrentamiento.

La respuesta de las fuerzas militares y policiales fue contundente: se recurrió al uso de la fuerza y ello se tradujo en la muerte de 22 personas, 16 de las cuales serían presuntos delincuentes. Claramente eso indica que en el territorio de nuestra entidad la estrategia de los abrazos no constituye una opción.

Curiosamente, sin embargo, la forma en que se procedió aquí no solamente fue avalada por el Gobierno de la República, sino elogiada por el propio presidente Andrés Manuel López Obrador durante su conferencia de prensa de ayer.

“El Gobierno de Coahuila ha estado cuidando mucho el tema de la seguridad pública. Es de los gobernadores, el de Coahuila, que más atención le dedica al tema de seguridad”, dijo el mandatario, quien llevó su reconocimiento incluso más allá de este sexenio:

“…nos consta que el gobernador se aplica. No delega. Está pendiente y esto se puede comprobar con datos de cómo ha bajado la incidencia delictiva en Coahuila. Ustedes se acuerdan de cómo estaba tan difícil la situación en la Laguna, por ejemplo… Bueno: ahí bajó la incidencia, ahí se aplicó, incluso desde el sexenio pasado, un plan que ha dado buenos resultados”, señaló el Presidente.

Pero entonces, ¿cuál es la estrategia real del Gobierno de la República en el tema de combate a la delincuencia? Porque en el caso de Villa Unión ocurría el fin de semana exactamente lo mismo que en Culiacán el 17 de octubre pasado: los delincuentes podían haber provocado una masacre.

Cuestionar al respecto es pertinente y necesario porque en el propósito de contener a la delincuencia la coordinación de los distintos órdenes de gobierno es esencial, y no puede haber discrepancias respecto de cómo debe reaccionarse ante situaciones que obligan al uso de la fuerza.

¿Abrazos o balazos? ¿En unas situaciones los unos y en otras los otros? ¿Cuál es el criterio que define la ruta a seguir? Lo peor que puede ocurrirnos, a la vista de los hechos, es que la respuesta sea la ambigüedad porque ello sólo nos garantiza una cosa: los cadáveres de seres humanos seguirán apilándose y mantendrán a nuestro País convertido en un cementerio.