Japón, batalla de Nagashino, 1575. El clan Takeda representaba uno de los ejercitos más poderosos de esa isla. Estaba formado por samuráis cuya obediencia y compromiso con la ejecución de los planes era perfecta. Se enfrentaba a Oda Nobunaga, cuyo ejército incluía tres mil arcabuceros, quienes serían los primeros en utilizar armas de fuego en un campo de batalla de ese país. Olas y olas de samuráis Takeda avanzaban sin dudarlo para encontrarse con las balas de Nobunaga. En esta historia, la disciplina y perfecta implementación del ejercito Takeda, no tenía posibilidad frente a la estrategia de Nobunaga al incorporar armas de fuego. La estrategia venció a una ejecución perfecta.

Seguramente has escuchado la frase: “Más vale una mala estrategia bien implementada que una buena estrategia mal implementada”. Mi opinión es que te han estado engañando por todo este tiempo, es una tontería. Tengo la impresión de que esa frase ha sido promovida por gerentes queriendo “poner a jalar” a su equipo.

No quiero decir que no es importante la implementación, el punto que quiero establecer es que ambos te afectan pero de diferente manera. Mi postura al respecto es: “Una mala estrategia te aniquila, una mala implementación te condena a la mediocridad”.

Algunos ejemplos:

-Objetivo: ir a Europa. Estrategia correcta es ir por avión, pero lo implementas terriblemente tardándote tres días en llegar. Buena estrategia mal implementada. Mala estrategia es ir en carro y eso te impedirá llegar al destino.

-Objetivo: bajar de peso. Estrategia correcta es una dieta balanceada. La implementas mal, si consumes menos calorías, aunque no balanceadas. Te vas a tardar en bajar. Mala estrategia, tomar pastillas “quema grasa” o algún otro químico que a la larga afecta y daña tu salud.

-Objetivo para vendedor: llegar a la meta del mes. Estrategia correcta, contactar a los 20 prospectos con mayor potencial. La implementas mal y consigues solo 10 contactos. Estrategia incorrecta, contactar 20 clientes chicos. Implementas perfectamente y los consigues a todos. Contactaste al doble, solo que los más grandes tienen 10 veces más potencial que los más chicos.

-Objetivo: dominar el mercado de telefonía celular. Estrategia Nokia: implementar a la perfección la mayor cobertura de ventas a nivel global. Estrategia iPhone: Desarrollar una nueva tecnología que haga a la cobertura irrelevante. Ejemplo similar a la historia con la que inicié el artículo, siendo la polvora la innovación.

¿Cómo defino la estrategia correctamente?

El término “Estrategia”, tiene su origen en Grecia denominada “Stratego” a su líder militar. Su uso en los negocios es reciente, pero el concepto se mantiene:

“Planeación y conducción de recursos para conseguir el objetivo”.  Estos son los pasos que te propongo para establecer la estrategia:

1. Define el objetivo. ¿Realmente qué quieres conseguir? Olvida los “cómo” o los “por qué”, ve al fondo de lo que realmente quieres solucionar. Piensa para qué quieres que eso suceda. Sé lo más específico posible (ver artículo. “Watergate, define el problema”).

2. Divide el objetivo en los elementos claves que lo sostienen, entre 3 y 5 es una buena cantidad. En el caso del vendedor de arriba, podría ser:

a. A quiénes contactaré.

b. A través de qué medio y con que mensaje lo haré.

c. Qué producto o solucion les ofreceré.

3. Desarrolla para cada elemento un plan de acción con responsables y tiempos. No vayas mucho al detalle, pero asegura que estén todos los procesos claves.

La buena implementación será ejecutar al pie de la letra, sin excusas y sin buscar culpables (ver artículo: “Foxitis”), el punto 3.

Si quieres ser realmente exitoso, no tienes que escoger entre una buena estrategia o implementación, tienes que tener las dos. No puedes ir por la vida de los negocios, o de las ventas, sin una impecable implementación y no se diga sin una buena estrategia.

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