Adela Cortina en su libro Hasta un pueblo de demonios. Ética pública y sociedad, editado en Taurus en 1998, dice que (…) “la corrupción de las distintas actividades e instituciones se produce cuando aquellos que participan en ellas dejan de buscar los bienes que les son internos y por los que cobran su sentido, y las realizan exclusivamente por los bienes externos que por medio de ellas pueden conseguirse: las ventajas económicas, las ventajas sociales, el poder. Con lo cual esa actividad y quienes en ella cooperan acaban perdiendo su legitimidad social y, con ella, toda credibilidad”. Completamente de acuerdo.

Pero ¿Qué son los bienes internos y que los bienes externos? En el tiempo se han dado muchas explicaciones acerca de la pregunta ¿Quién es el hombre? La mitología, las religiones y la filosofía lo hicieron y lo siguen haciendo. Un pensamiento que ha permanecido, aunque algunas corrientes afirmen lo contrario, es la idea del hilemorfismo que tiene su base en la reflexión dualista sobre el ser humano. La reflexión sobre los bienes internos y externos del ser humano, ahí se incrusta.

En la sociedad en la que vivimos, todos dependiendo de nuestra sensibilidad, motivación y por supuesto gusto realizamos alguna actividad. Profesiones u oficios. Por tanto, estas tareas que realizamos poseen bienes internos y bienes externos.

Los bienes internos tienen como fundamentos los ideales, las convicciones, los principios y los valores; estos proporcionan en la persona: sentido de vida y legitimidad social. Un médico más que el pago de la consulta debe de buscar la salud y la disminución del sufrimiento de quienes lo buscan. Un político suponemos que en el fondo lo que quiere es ver un mejor país y proponer y determinar leyes que promuevan la autorrealización de los seres humanos. Y así, un maestro busca antes que otra cosa; enseñar, ilustrar, formar y desarrollar en sus alumnos personas de bien. Un agricultor, producir vegetales en buen estado que nutran y den salud a las personas. Los ganaderos, carne que sea apta para el consumo humano, en fin. Toda profesión u oficio tiene bienes internos.

Luego están los bienes externos. Si Usted desempeña un oficio o una profesión y lo hace de forma excelente-virtuosa, vendrán inevitablemente la fama y el prestigio. Con ello el poder y quien así lo quiera, la riqueza. Esos son los bienes externos y en el entendido de que siempre queremos vivir mejor y el factor económico y social juega un papel preponderante en la vida de cualquier ser humano, éstos comienzan a tener más importancia que los anteriores.

Por tanto, cuando las personas se dedican a acumular bienes externos y se abandona la idea, si se tuvo, de los bienes internos, inevitablemente aparece la corrupción. Al médico se le olvido la idea de ofrecer salud y disminuir el sufrimiento de las personas para cobrar un salario mínimo diario por consulta. Al político se le olvido el trabajo por el bien de todos y busco su bien personal o de los grupos de interés que representa. El maestro olvido lo sagrado de la enseñanza. El agricultor y el ganadero comenzaron a ofrecer menos calidad por el mismo precio, en fin; las cosas se complicaron y la sociedad se colapsó. ¿Le suena?, lo mismo ocurre con las instituciones o las organizaciones, donde existen bienes tangibles e intangibles.

Sin ser idealista, lo que le da sentido a una sociedad y asegura el equilibrio y la armonía de la misma, es decir la justicia, es la producción de bienes internos y no la obtención de bienes externos.

Desde el saqueo sistemático de los españoles y su forma de operar, los excesos y perversión del partido hegemónico y su dispendio, los grandes beneficios y ventajas que obtuvieron muchos empresarios al amparo del poder político, los altos salarios que se despacharon quienes vieron y siguen viendo en la política un botín a modo, la falta de solidaridad y malas costumbres de muchos profesionistas y prestadores de servicios que se van por la libre sabiendo que la impunidad será su mejor aliado; se construyó un país donde la corrupción produjo desigualdad y pobreza a gran escala.

En síntesis, nunca se comentó en la presente reflexión que la riqueza y la obtención del poder fuese un estigma, si la forma como muchas veces se consigue. No se puede tener la mirada y la mente puesta solamente en la acumulación de bienes económicos, hay una comunidad que requiere de nuestra colaboración y esto se determina a través del despliegue de nuestros ideales, convicciones, principios y valores.