Foto: Archivo

La cultura imperial se construye históricamente en periodos largos en los que reinos o naciones se imponen por la fuerza a otras, para  el dominio militar, político y económico en función del control, manejo y aprovechamiento de recursos naturales, y el posible control fiscal de los dominantes sobre los dominados.

La imposición de imperios sobre naciones débiles causa muerte y devastación, como en Asia, África y América Latina en 500 años, pero el problema se agudiza cuando se contraponen los intereses de distintos imperios, como la primera y segunda guerras mundiales.

El imperialismo europeo cultural es un comportamiento político y económico que supone imponerse al mundo. Estados Unidos se integró a esta cultura desde el siglo XIX y como tal en el XX, aliándose a Europa occidental en conflictos mundiales, cuyo resultado fue la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como multinacional militar para proteger sus intereses políticos y económicos en la “guerra fría” (1945-1991), enfrentados indirectamente al eje socialista con la Unión Soviética a la cabeza.

A la caída del socialismo real (1991), dicha cultura imperial europea no propuso un nuevo orden mundial que pudiera superar los agudos problemas económicos y bélicos regionales, de desigualdad, pobreza y destrucción de la naturaleza. Más se ocuparon en denostar y aniquilar todo bastión socialista, como la malévola inducción de la guerra de los Balcanes (1991-1995) en la que murieron más de 200 mil personas y millones fueron desplazadas, conflicto que desintegró a Yugoslavia, última expresión política y económica del socialismo europeo. 

Como alternativa de poder, en medio oriente el radicalismo islámico ocupó los espacios dejados por el socialismo.

La Unión Europea (gestada en los años 60, que incluye libre movilidad laboral, política fiscal similar, banco central europeo y moneda única), enfrenta una aguda crisis económica, política y de seguridad frente al terrorismo radical. Un ejemplo de estas contradicciones es el intento de golpe de Estado en Turquía al Gobierno proislámico de Tayyip Erdogan.

La crisis de Europa se debe a errores de corte imperial, el primero es precisamente imponer la perspectiva de libre mercado a ultranza, tanto a los países subdesarrollados como a los ex-socialistas, para someter a Rusia a sus propios intereses, lo que incluye desestabilizar económica, política y militarmente a los países aliados de dicho país euroasiático.  Esta imposición económica desde la década de los 80 implicó oleadas de migración a los países europeos, con sus secuelas de rechazo cultural.

Otro error fue no prevenir la crisis económica que se gestó en Estados Unidos y estalló en 2008, lo que afectó agudamente tanto a los europeos como al mundo entero. La migración al continente se intensificó, pero ahora con graves problemas de desempleo de su propia población. El rechazo y la discriminación se hicieron presentes… La derecha nacionalista radical se ha fortalecido, he ahí el brexit.

No fue acertado por parte de Inglaterra, España e Italia, apoyar al régimen de George W. Bush en su mentirosa aventura bélica en Iraq, sólo para apoderarse del petróleo. Por otra parte, junto con Arabia Saudita, Estados Unidos, Francia, Alemania y otros países europeos, en años recientes financiaron y equiparon a grupos rebeldes para destronar gobiernos que no atendían sus intereses imperiales, como Libia, Túnez y Siria –aliado de Rusia-, lo que generó más migración a Europa. 

Entre estos grupos  “rebeldes”  están los radicales de Al Qaeda y del Taliban, ahora Estado Islámico,  a los que se debe contener por la escalada de terror que han infringido en medio oriente y en países africanos. La contra respuesta terrorista ha sido trágica.

Imponer  el neoliberalismo  después de la guerra fría, no prever la crisis económica de 2008 y sus secuelas actuales, e inicialmente apoyar grupos rebeldes islámicos, son los principales errores imperiales de Europa occidental que ahora la tienen en jaque, con el ascenso de la derecha radical nacionalista y el terrorismo islámico.