Artista. Ana Gómez propone un concepto en el que pueden participar quienes vayan a ver la instalación. Fotos: Vanguardia/Marco Medina/Mayra Franco
‘Pandemia’ es una instalación en la que confluyen valores de un proceso de trabajo que a Ana Gómez le ha llevado varios años, y explora temas contemporáneos como los procesos seriados y la atemporalidad de lo cotidiano

Desde la inauguración de la muestra “Más que un ?&#*@] Desierto” a principios de noviembre de 2017, en la que se reunió el trabajo de 5 artistas coahuilenses y donde cada uno de ellos creó una intervención en Casa República, la sede, se informó que una de ellas, la saltillense Ana Gómez, sería la última en hacerlo. 

Esta promesa se cumplió la noche del jueves 22 de febrero con la presentación de la pieza “Pandemia”, de la también ceramista y escultora, instalación montada sobre la higuera del patio del recinto, y VANGUARDIA tuvo la oportunidad de platicar en exclusiva con ella, previo a la inauguración. 
 
“En un principio cuando vimos el espacio de Blanco [Galería], yo pensé que justo por el tema del desierto y haciendo contraste con la idea de éste como algo árido y a la vez lleno de vida, pensé que estaría interesante utilizar estos origamis que produje con la intención de hacer una instalación pero que nunca concreté”, explicó Ana Gómez, sentada bajo la higuera de la que colgaban cientos de pajaritos de origami. 

“Ya los tenía como parte de todo un proyecto que iba con la idea de cuestionar la ley que se hizo para prohibir la venta de comida chatarra en las escuelas y después de ser aprobada en el senado las empresas que producen estos alimentos lograron renegociar”, añadió.
 
Brillantes bajo la luz del sol de esa mañana, las aves están hechas a partir de envolturas de comida chatarra. En ese momento las ramas del árbol estaban prácticamente cubiertas, a pesar de que en la caja aún había muchas más listas para ser montadas. La artista contó que realizó cerca de 6 mil piezas, aunque en definitiva no planeaba colocarlas todas. 

Sin embargo, como sucede con regularidad en los procesos artísticos, al momento de comenzar a trabajar en la obra se enfrentó ante nuevos conceptos, que le permitieron verla de una manera distinta y darle mayor profundidad al discurso. 
“Siempre te enfrentas a ciertas cuestiones prácticas de montaje, yo me vi en la necesidad de grapar unos origamis al árbol, sobre todo porque ha habido viento y no sabía si permanecería hasta la inauguración y era una manera de fijarlo”, comentó, “pero entonces, al tiempo que lo estoy haciendo, entro en conflicto porque digo ‘bueno, estoy siendo como una pandemia, como una epidemia que ataca al árbol’, lo ataco con basura y entro en este conflicto de cómo algo que tu conceptualizas, que visual o estéticamente puede ser atractivo tiene este otro lado, que es cómo afecta el espacio”. 

Entonces, la idea principal que le llevó a crear las figuras de origami resurgió y se enfrentó nuevamente a ella.

Origami. Muchas piezas de este arte ahora transforman la higuera de Casa República.

“Me volvió a conflictuar esta cuestión de la generación de basura, la generación de comida chatarra, el ser invasivo, el cómo el ser humano a veces, con esta finalidad de embellecer o no el entorno también crea una invasión y entonces todo este proceso me hizo caer en la cuenta de que algo que aparentemente surgió como casual no se queda en lo casual y hace eco con el trabajo que he venido haciendo desde el 2008”, expresó. 

Desde hace diez años, parte de su obra se ha enfocado en explorar la idea del consumismo. Con su serie “Desechables”, en la que creó piezas cerámicas en serie que imitan con fidelidad envases de comida, se adentró desde una perspectiva artística en los temas de la industrialización de la comida, la generación de basura, el impacto al medio ambiente, a la salud y el cuestionamiento de qué se puede hacer al respecto. Y casualmente se cumplen también 10 años de eso. 

Y aunque encontró mucho valor en el proceso del montaje y en la idea de “cerrar un ciclo” en cuanto al tema del consumismo, la instalación se trata de sólo la mitad de la obra, pues desde la inauguración hasta que la pieza sea oficialmente removida, los asistentes podrán contribuir a “resarcir el daño” sobre la higuera. 

“Vamos a invitar al público y entre todos comenzaremos a quitar todo este montaje, habrá pinzas para quitar las grapas y cal para ir sellando esa herida que le hicimos a la planta”, y añadió, “me parece algo muy poético, muy bonito, porque si bien el problema de la generación de basura nos sobrepasa como especie, porque no es reciente, no podemos quedarnos estáticos y decir. Siempre es una invitación a la acción y a hacer lo que esté en nuestras manos”. 

Aunado a todo esto, los restos de la obra, las piezas de origami tomadas de ella, serán utilizadas para crear alguna pieza utilitaria, aún no determinada, pero que servirá para reutilizar todo este material. 

“Definitivamente algo que me tomó cuatro días montar no se va a desmontar en una noche, pero es el gesto de decir, el daño está ahí, no se puede hacer algo de la noche a la mañana, pero hay que hacer algo”, planteó. 

Además, un elemento extra de valor que ella agregó a su experiencia con esta obra fue el proceso para la creación de las piezas, en el que se vio realizando una actividad manual muy consciente y que consumió mucho tiempo. 

”El proceso es otra manera de afrontar la atemporalidad contemporánea, que es simultánea,  varias realidades al mismo tiempo, que nos hacen vivir en una atemporalidad en la que el paso del tiempo es muy relativo, y el volver a trabajar con las manos e invertir mucho tiempo en estos objetos es como una revaloración del tiempo, que es casi como meditativo, cómo inviertes tanto tiempo. Y es absurdo, porque inviertes mucho tiempo en algo efímero, aunque en el día a día invertimos mucho tiempo en cosas que son efímeras, desde estar en el celular hasta la vida misma”, finalizó.