Situación. Según la Ley Municipal de Salud, esta actividad se permite, pero solo en la zona de tolerancia. JESÚS PEÑA
La tarifa de las mujeres oscila entre los 200 y los 300 pesos, según el cliente

La Plaza Manuel Acuña ha sido por años uno de los corredores de Satillo donde mujeres, venidas incluso de otras ciudades ejercen el trabajo sexual.

Ahora esta plaza se ha convertido también en paradero de sexoservidoras extranjeras. 

De acuerdo con la versión de boleros, músicos, vendedores ambulantes, taxistas y otros asiduos visitantes de este paseo, desde principios de año se ha observado la presencia de sexoservidoras de distintas nacionalidades.

Las mujeres, que suelen merodear por la plaza en ropas sugestivas, pernoctan en hoteles para urgidos aledaños a la zona, como el Hidalgo y el Jardín.

TESTIMONIO DE UN ANÓNIMO

“Llegan desde la mañana, te las encuentras, se ponen a platicar contigo, te dicen ‘no pos aquí, pegándole al peligro’”, narra un ruletero que prefiere no dar su nombre.

Otras voces anónimas de la Plaza aseguran que al menos son dos las mujeres que vienen acá a ofrecer sus servicios sexuales, una de origen cubano y la otra hondureña.

“De repente estás sentado en alguna de las bancas, llegan estas muchachas y te hacen una seña o de plano se te acercan: ‘vámonos’, te dicen”, cuenta un músico callejero.

Un pensionado que tiene por costumbre venir a distraerse a la Acuña, afirma que en la etapa más dura de la crisis provocada por el COVID-19, la presencia de estas mujeres se hizo más notoria.

“Las mirabas y te decían ‘ay no seas gacho, no hay nada, está muerto, dame siquiera para completar un refresco”.