En lo que va de 2020, a nivel nacional nueve de cada 10 personas que acudieron a un hospital por lesiones provocadas por violencia familiar fueron mujeres. ESPECIAL
Víctima casi enfrenta la muerte hasta en dos ocasiones entre complicidad y encubrimiento de la familia del agresor

CDMX.- Mientras Sara veía la noticia del feminicidio de Ingrid Escamilla, su pareja le mostró las fotografías de la mujer desollada: “Se ve padre, ¿no?”, le dijo. Sus compañeros de trabajo, preocupados por la vida de Sara y con la intención de que “se diera cuenta”, le enviaron el video en el que el presunto asesino y esposo de Ingrid confiesa el crimen.

En menos de seis meses Sara sufrió dos intentos de feminicidio por parte de su pareja, Marco.

Aunque ambos trabajan en una firma de contadores, conforme avanzó la relación ella se percató de que el sujeto de 32 años presuntamente se dedicaba a hacer fraudes bancarios. En febrero pasado, la mujer, su pareja y la familia de él rentaron una casa de descanso en Morelos a un familiar del sujeto. Lo que debía ser un fin de semana relajado marcó la vida de Sara para siempre.

Acabó atendida en un hospital privado de la capital del país por fractura y contusiones. El médico le dijo a los familiares que pudo haber muerto de una infección por haberla mantenido tantas horas sin atención.

El segundo intento de su pareja por asesinarla ocurrió el 22 de marzo pasado, ya en plena pandemia. Estaban aseando la casa cuando comenzaron las agresiones. En el momento en el que  sus familiares recibieron una llamada de alerta acudieron al domicilio, al que también llegó la familia de él. Se desató una pelea campal y Marco aprovechó para llevarse a Sara a un pasillo cercano a la cocina y asfixiarla.

Los vecinos le llamaron a la policía, la sirena de una patrulla asustó a Marco y soltó a Sara. Desde ese día el sujeto lleva un proceso por el delito de feminicidio en grado de tentativa desde el Reclusorio Sur de la Ciudad de México y está en espera de que le dicten sentencia.