La revista The Economist, publicación neoliberal impresa en hojas de papel moneda con tinta hecha a base de lágrimas de niño esclavo del tercer mundo (“para mayor regocijo de nuestros amables suscriptores”) dedicó la portada de su más reciente edición a nuestro Huey Tlatoani, señor de los aeropuertos y las refinerías, Andrés Manuel López Llorador.

Hasta allí todo bien, lo malo es que decidió coronar la imagen del viejejito macaneador con el encabezado “El falso mesías de México”. ¡Tómala, papiringo!

Si a mí me lo preguntan, sí, resulta sospechosamente oportuno que a una semana de la elección le dediquen este regalito al líder absoluto de ese extraño culto que se apoderó de México, el cuatroteísmo. Pero también le soy honesto si le digo que me parece de lo más normal que los capitalistas tengan una postura política y echen mano de uno de sus múltiples recursos, los medios masivos (nocivo es cuando un gobierno hace esto mismo).

Y si grupos, nacionales o extranjeros le quisieron colocar este sonoro coscorrón mediático al cabecita blanca en vísperas de los comicios que pueden consolidar o dejar trunco su proyecto, no infringen con ello ninguna ley.

De hecho, en los puntos centrales del análisis sobre nuestro Presidente viajero tan vacilador, The Economist no falta a la verdad: Lo tilda de populista… lo es; lo acusa de dividir al país entre el “pueblo” -sus bienquerientes- y una élite perversa de opositores… nomás todos los días; que trabaja en socavar las endebles instituciones democráticas… solo lo niegan sus vasallos; y que al día de hoy no se hace en México nada que no emane de sus macuspanas ganas (sus “macus-ganas”)… es de sobra conocido. 

Lo cierto es que la tan sonada publicación no inventa ni revela nada y si, como se presume, tenía un ánimo electoral, hasta se quedó corta. Yo habría enlistado de plano todos los decires y procederes que me hacen poner en duda la sanidad mental del venerable pejelagarto.

Muy solícito el súper canciller, Marcelo Ebrard, se avocó a dar una airada respuesta a la revista británica, cuando lo que México se quedó esperando de él era una respuesta relativa al desastre de la Línea 12. Pero la chairiza igual le aplaude y le agradece.

Mesías es por definición un “enviado de Dios” y es aquí donde considero que The Economist se equivoca rotundamente. Ni mesías, ni falso mesías, AMLO no se comporta como el enviado de nadie. Su delirio es el del mismísimo Dios Padre, pero… ¡Hey!  No piense que afirmo esto por algo tan elemental como el hecho de que don Andrés hace y deshace con México desde una autocracia cuasi omnipotente.

No, lo que Andrés tiene en común con el Dios hebraico Yahveh, que adoran por igual judíos y cristianos, es la lógica y el razonamiento de su proceder. Si usted recuerda, el buen Diosito, sobre todo el del Viejo Testamento, era un barbón muy corajudo que nomás por quítame estas pajas, mandaba destruir todo para recomenzarlo desde los cimientos, desde los planos, desde el concepto, desde la teoría.

Que la humanidad no se anda portando taaaan bien… “¡A la chingada! ¡Va el diluvio universal y a repoblar la Tierra con incesto!”.

Que en Sodoma se andan sodomizando y en Gomorra se están… estee… ¡pasando de lanza!... “¡Pagarán con fuego y destrucción, cabrones!”.

-¿También los niños, Señor?

-¡Especialmente los niños!

No sé si ya me entendió por dónde voy, pero al parecer Dios no se detenía a pensar si había algo o alguien a quien rescatar. Ni siquiera los perritos. Sí, es cierto que Sodoma tenía mala fama, pero no peor que Ecatepec y la verdad, no creo que sea justo barrer por igual a los fornicadores que a los asesinos o a los peores, los que ponen música a todo volumen los sábados por la mañana. ¡Así no, Dios!

Pues así ‘Anlo’, que prefiere borrar cualquier cosa de la faz de la tierra, aunque su concepto sea bueno y en teoría podría ayudar a miles, quizás millones de mexicanos, sólo porque hay un antecedente o sospecha de corrupción, cosa de la que rara vez aporta pruebas o hace denuncias formales.

¿Qué no era él el Presidente que erradicaría la corrupción? ¿Por qué no simplemente sanea los programas y, sobre todo, transparenta la aplicación de dichos recursos sin eliminarlos? 

Guarderías, abasto de medicamentos, fideicomisos para la ciencia, las artes y los deportes, seguro popular y todas esas cosas que AMLO desapareció porque no funcionaban con total eficiencia y honestidad estaban, en efecto, lejos de funcionar con total eficiencia y honestidad pero… ¿no era mejor componerlas antes que finiquitarlas? ¿En qué lógica es mejor destruir que arreglar, cuando el costo de lo primero es muy superior en recursos y vidas? Al parecer en la lógica divina, pero también en la del Ganso Supremo.

Bien le pudimos (debimos) decir a Diosito en su momento: “¡No las destruyas, Señor! ¡Mejor arréglalas! ¡Tú puedes, eres Dios!”. Aunque más que decírselo, debió entrar ello en su infinito entendimiento. 

Pero si en el caso de don Yahveh es un poco tarde ya para pedirle que recapacite, para el falso Dios enquistado en Palacio Nacional quizás sí estemos a tiempo de: Uno, decirle que no tiene lógica destruir algo cuando tiene el poder -todo el maldito poder- de reformarlo; dos, que no tiene ningún sentido reducir algo a cenizas nomás porque no cumple con estándares de pulcritud y excelencia que sólo existen en su cabeza, porque en su Gobierno y gabinete ni de pedo se han visto reflejados dichos estándares, ni mucho menos la honestidad y transparencia que tanto pregonaba como candidato.

Y tres: A tiempo estamos este domingo de recordarle a don Andrés Manuel que ni de chiste es Dios.