Estamos ante un hecho inédito en la historia reciente de los procesos electorales locales. En unos días veremos si este hecho puede trascender más allá de lo anecdótico

Al cierre del periodo marcado en el calendario electoral local para manifestar intención de contender en el proceso de renovación de los ayuntamientos por la vía independiente, el órgano electoral de Coahuila recibió un auténtico alud de solicitudes: 29 en total, distribuidas en 13 municipios.

Casi la mitad de esas solicitudes –14– corresponden a los tres municipios más poblados: Torreón, con seis, seguido por Saltillo y Monclova con cuatro cada uno. Sólo en tres municipios, Saltillo, Parras de la Fuente y San Pedro, se registraron solicitudes de mujeres, el resto –26 manifestaciones– corresponden a representantes del género masculino.

A más tardar el 30 de diciembre el Instituto Electoral de Coahuila (IEC) resolverá sobre la procedencia de estas aspiraciones y, en su caso, autorizará a quienes superen esta etapa a recabar las firmas necesarias para asegurarse un lugar en la boleta.

Resulta sin duda llamativo el número de aspirantes que decidieron iniciar el proceso de convertirse en candidatos a ocupar el máximo cargo de elección popular en sus respectivas demarcaciones. ¿Qué lectura podemos darle a esta “efervescencia democrática”?

Con independencia de lo que pueda especularse a partir de las trayectorias individuales de quienes aspiran a convertirse en candidatos, es obligado decir que están ejerciendo un derecho. Se trata, por cierto, de un derecho largamente secuestrado por los partidos políticos en México.

Desde esta perspectiva el hecho puede interpretarse como un signo de buena salud por parte de nuestro sistema democrático. Y más aún cuando se tiene en cuenta que ya no estamos hablando solamente de los municipios más poblados de la entidad, sino también de varios municipios pequeños como Candela, San Buenaventura o General Cepeda.

En teoría, estamos hablando de ciudadanos que no ven en los partidos políticos una alternativa adecuada para ejercer sus derechos políticos y consideran la vía independiente una mejor ruta para invitar a sus conciudadanos a integrar el gobierno municipal.

Pero habrá que conocerles mejor, es decir, someterles al escrutinio de su pasado y escuchar sus propuestas para tener claro si estamos ante manifestaciones auténticamente cívicas o se trata de simples “experimentos” para la conquista de ambiciones personales.

En este sentido, conviene recordar que la legislación electoral coahuilense permite, a quien se postula como candidato a presidente municipal y pierde la elección, alcanzar un asiento en el cabildo, en caso de que logre convencer al menos al cuatro por ciento de los electores de que voten por su candidatura.

Por lo pronto, estamos ante un hecho inédito en la historia reciente de los procesos electorales locales. En unos días veremos si este hecho puede trascender más allá de lo anecdótico porque nos revele candidaturas que puedan llamar la atención –para bien– del electorado.