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El restaurante, dijo Graciela Garza, solo había cerrado tres días, como luto de su papá, mamá y su hermana.

Aunque aceptó que hubo diferencias, Graciela Garza, dueña del restaurante La Canasta; dijo que la conclusión del arrendamiento que sostenía con Javier Alanís se dio sin problemas.

La empresaria busca que la transacción se realice sin echar mano de recursos legales.

“Él dijo me voy. Él entregó, él ya no quiso y le tomé la palabra, pero sí no estaba yo muy satisfecha”, indicó la restaurantera con 53 años de experiencia.

Dijo que Javier Alanís: “es un buen chico, muy trabajador, quedamos en muy buenos término, existe una amistad con su papá. La verdad no hubo tal problema”, aseguró.

Garza indicó que la terminación del contrato dejó inconclusa la remodelación de la cocina y que terminarla le tomará aproximadamente dos meses, tiempo durante el cual tendrá que permanecer cerrado el establecimiento.