Muchas voces, durante mucho tiempo, han señalado en forma reiterada en la dirección del sistema de seguridad social del magisterio coahuilense, argumentando que en los distintos fondos que se manejan en dicho sistema la irregularidad, la falta de aseo y la ausencia de rigor administrativo son la constante.

Las denuncias de corrupción en contra de quienes dirigen al magisterio estatal, particularmente los directivos de la Sección 38 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, son no solamente frecuentes, sino que se documentan con evidencias que hacen una constante.

Y es que el denominador común de las dirigencias sindicales del magisterio está constituido por la “prosperidad” que repentinamente registran quienes, a través de los mecanismos “democráticos” que el magisterio tiene para seleccionar a sus representantes, acceden a las posiciones de liderazgo en dicha organización gremial.

Por regla general, sin embargo, los señalamientos se diluyen porque, convenientemente para los líderes sindicales, jamás se realizan investigaciones serias ni se emprenden acciones para castigar los excesos en que eventualmente incurren quienes administran los recursos del magisterio.

Por eso, a nadie debe extrañarle que en cuanto se “mete lupa” a los dineros del sector magisterial aparezcan las evidencias del “desorden administrativo” -para ponerlo en términos amables- que se le ha señalado largamente a la dirigencia del SNTE.

Y para muestra ahí están el informe que sobre la cuenta pública del año 2014 ha publicado la Auditoría Superior del Estado y según el cual los reportes financieros del magisterio coahuilense acumulan ¡1,300 millones de pesos en observaciones!

La cifra es de suyo escandalosa, pero lo es todavía más cuando la comparamos contra el total de las observaciones realizadas a todos los órganos fiscalizados por la ASE en ese mismo año: las observaciones realizadas al Servicio Médico, el Fondo de Pensiones y el Fondo de Vivienda de los Trabajadores de la Educación representan casi la mitad de todas las observaciones generadas en las 536 auditorías practicadas por la ASE.

La conclusión a la que puede llegarse a partir de estos datos es inequívoca: si algo caracteriza a las cuentas del magisterio estatal es el desorden, y tal desorden no hace sino reforzar la idea de que en la administración de dichos fondos existe un marco de corrupción que es la causa real de los problemas financieros de los mismos.

¿Alguien puede decirse sorprendido después de conocer estos datos de que el Servicio Médico de la Sección 38, o su fondo de pensiones, se encuentren en la bancarrota?

Evidentemente no. Y justamente por eso es que resulta agraviante que las consecuencias del desorden financiero -y la corrupción- que impera en dichas instituciones debamos pagarlas los contribuyentes.