Ilustración: Vanguardia/Esmirna Barrera

Desde primaria los niños aprenden que hay mucho de qué sentirnos orgullosos; se les dice que tenemos un gran pasado y que nos anteceden grandes hombres. Escuché a un maestro normalista hablar con enjundia sobre nuestra historia. Resumo lo que recuerdo: Ignacio Zaragoza venció a los franceses; Miguel Ramos Arizpe promovió el federalismo; Francisco Madero instauró la democracia; Venustiano Carranza impulsó la Constitución. De lo cual brota una pregunta: si los coahuilenses realizaron todo lo importante, ¿qué hacían los habitantes de las demás entidades?

Basta tomar un periódico para leer que en todo somos los primeros: en seguridad, en empleo, en defensa de las mujeres, en nivel de vida, en pueblos mágicos y sígale contando. No niego que Coahuila ocupa un buen lugar en varios aspectos, pero en tales recuentos del pasado y del presente hay buena dosis de fantasía. Estar mejor que otros no es un dato para consolarnos. Si aceptamos las glorias del pasado debemos admitir que los héroes están muertos. No pongo en duda la grandeza de Madero o Carranza, pero ya murieron. ¿Qué nos corresponde hacer a nosotros hoy? Demasiadas cosas y no las hacemos. Hay excepciones y expondré una. La que propongo la está haciendo la sociedad civil, con un tenue apoyo gubernamental que aparentemente debe crecer.

Sabemos cuál fue la “historia” coahuilense de los últimos 20 años: robos, violencia, homicidios, secuestros, droga, feminicidios… por un lado. Corrupción, burocracia, cinismo, desvíos de dinero, burla… por el otro.

Eso en cuanto a nuestros gobernantes. Hago una excepción para no poner únicamente las siglas del PRI, puesto que el PAN, el PRD, el Verde y los partidos pequeños han copiado esas prácticas reproduciéndolas. El sociólogo francés Pierre Bourdieu hace ver que una sociedad que no se reproduce se aniquila. La reproducción es biológica tanto como cultural. No generar niños llevaría a desaparecer; no transmitir los valores culturales (lengua, religión, historia, gastronomía, mitos y tradiciones) conduciría al desvanecimiento social. ¿Habrá quienes estén propiciando otro tipo de reproducción? Los hay.

Rememoro lo que Coahuila sufrió en dos pavorosas décadas que nunca deberemos olvidar, en las que el Estado prescindió de sí mismo para entregar la conducción a criminales. En esos años se perdieron más coahuilenses que en la Revolución. José María Frausto aceptó 2 mil 726 desaparecidos que tienen nombre y fecha del secuestro. Sabemos que en lo que se denomina la “Masacre de Allende” se reconocen 29 muertos, pero todos sabemos que ese número es nada más el de la familia Garza; hay que sumarle no menos de 200. En Piedras Negras se dice que fueron 150, pero los nigropetenses dicen que fue el doble. Etcétera.

Es a esas décadas mezquinas a las que se refieren las Familias por Nuestros Desaparecidos, porque no quieren aceptar ni perdón ni olvido, sino que exigen verdad y justicia. Ahora contamos con familias heroicas que están obligando a los gobiernos de los tres niveles a ayudarlas a buscar a sus familiares y a que se conozca la verdad, aunque sea dolorosa. Hay en Coahuila siete colectivos en lucha, que son: FUUNDEC; Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos en Piedras Negras; Grupo V.I.D.A; ASIMBUDES; BUSCAME; Alas de Esperanza y Voz que clama justicia por Personas Desaparecidas. Cada colectivo tiene su personalidad por lo ocurrido en sus regiones o por la capacidad de organización del grupo. Pero coinciden en que juntas deben enfrentar el problema.

Vino a hablar con las familias Alfonso Durazo, secretario de Seguridad, y fue rechazado: proponía que perdonaran a sus ofensores. Vino la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, a platicar con ellas y dijo que las apoyaría. Vino el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, y se comprometió a resolver el problema: las familias preguntaron si firmaría su compromiso. Él dijo que las familias de Coahuila eran un ejemplo que se debería replicar en todo México.

Esa es la razón por la que acude a Saltillo Michelle Bachelet, Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU. Viene a escuchar y a levantar información. La hay y no toda es honesta ni completa. Ella tiene experiencia, ética y un buen equipo, elementos cardinales.

¿Qué se llevará Bachelet? Datos y compromisos con las familias. Esperemos que no sea una llamarada de petate más.