Es importante que sepamos si la eliminación implica que otros segmentos del presupuesto sean afectados y, en todo caso, en qué medida lo serían

Algunos comentaristas han hecho notar, ciertamente con razón, que a lo largo de la genial novela cervantina Don Quijote jamás entra a una iglesia, ni oye misa o comulga, ni reza el rosario o practica alguna devoción católica.

De tal actitud del caballero manchego, desapegada de toda práctica religiosa, esos comentaristas llegan a la conclusión de que no es otra cosa que fiel reflejo de la del propio autor de la fábula, es decir, de Cervantes, quien –dicen- era personalmente enemigo de esas prácticas religiosas que le parecían inútiles, por no profesar realmente él la fe católica.

Curiosamente, quienes así opinan suelen pasar por alto que entre los tres, cuatro mejores amigos de Don Quijote se cuenta el cura de su aldea, Pero Pérez, quien además es su compadre. De igual manera dejan de mencionar que al final de su historia, en el último capítulo de la novela, Don Quijote se confiesa y se prepara para morir cristianamente.

Hay entonces dos cuestiones por dilucidar. La primera, encontrar alguna razón que explique la falta de devoción religiosa de Don Quijote.

Y la segunda, si este comportamiento omiso a lo largo de la novela refleja como se dice, o no, la actitud personal de Cervantes a lo largo de su vida.

Por cuanto hace a la primera cuestión, se considera que como Cervantes advirtió que El Quijote sería visto en su tiempo, y en efecto así fue, como un libro cómico, de burlas e ironías, le pareció impropio mezclar este tipo de incidentes ridículos con cosas sagradas que pudieran verse como de mero entretenimiento o prestarse a ser ridiculizadas. La explicación parece razonable. Y encuadra con la materia del último capítulo del libro, la muerte de Don Quijote, que por la gravedad del asunto lo aborda Cervantes con la mayor seriedad, para evitar se preste a chacoteo.

Por lo que se refiere a la segunda cuestión, Cervantes naturalmente fue bautizado católico el 9 de octubre de 1547 en la parroquia de Santa María La Mayor, de Alcalá de Henares. Y todo parece indicar que cuando su familia residió en Sevilla, cursó dos años de gramática en el colegio de los padres jesuitas.

Luego de su cautiverio de poco más de cinco años en Argel, cuando Cervantes fue rescatado y estuvo de regreso en España en 1580, lo primero que hizo al llegar a Valencia fue ir a dar gracias a Dios, en procesión desde el monasterio de Nuestra Señora de los Remedios hasta la Catedral, donde se cantó un Te Deum y oyó misa.

El 17 de abril de 1609, siete años antes de su muerte, Cervantes ingresó en Madrid a la piadosa “Congregación de indignos esclavos del Santísimo Sacramento”, a la que después se incorporaron personajes famosos como Lope de Vega y Francisco de Quevedo, entre otros, y en la que Cervantes se distinguió por su  “gran fervor”.

En junio de ese mismo año de 1609 ingresó también a la Venerable Orden Tercera, a la que luego entraron sus hermanas Andrea y Magdalena, así como Catalina su esposa. Se sabe que Cervantes asistía con asiduidad a las misas y rezos de esta orden franciscana, cuyo hábito vestía en los días solemnes.

Cervantes murió el 23 de abril de 1616. Cinco días antes, según lo narra él mismo en la dedicatoria de su libro póstumo “Los trabajos de Persiles y Sigismunda”, le fue administrada la Extremaunción. Luego se confesó con su buen amigo Francisco Martínez Marcilla, capellán del convento de las Trinitarias, cercano a su casa. Y los santos sacramentos le fueron administrados por el licenciado don Francisco López. De acuerdo a sus indicaciones, fue sepultado en el monasterio de las monjas Trinitarias y en su acta de defunción se lee que pidió se le dijeran “dos misas del alma”. Queda claro pues que Cervantes fue fiel católico no sólo de nombre sino practicante. (81)

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