Un grupo de académicos local se dio a la tarea de analizar  el crecimiento exponencial de la Región Sureste del estado, la que paradójicamente se expresa en la disyuntiva de encontrarse entre ganadores o perdedores; esta es una ecuación que ellos se proponen descifrar.

Lo que hemos visto desde hace mucho tiempo en la Región Sureste es que la clase política comandada en Coahuila por el PRI desde hace nueve décadas, es el tirano que avasalla con sus políticas públicas el impulso a la degradación del entorno natural y social y  ponen en riesgo la salud ecológica de las poblaciones rurales que resultan mayoritariamente vulnerables en cuanto a las afectaciones de su entorno, con el riesgo de trastornar todo el ambiente y la salud de esos asentamientos agrícolas y la conservación de los ecosistemas locales. 

Estas políticas son el resultado de la colusión de intereses entre las autoridades corruptas, individuos y empresas ambiciosas que tejen redes, usando procedimientos inmorales e ilegales, ya que mienten y engañan a los pobladores rurales para que acepten la realización de proyectos que resultan perjudiciales para ellos.

Aseguran los autores que la precariedad de los habitantes rurales de los  municipios en los que están los  basureros tóxicos ha sido aprovechada para “legalizar” los trámites de estos proyectos, aunque mienten y engañan a los ejidatarios para que acepten la realización de planes perjudiciales para ellos, y además, en la armazón de intereses a nivel de los ayuntamientos logran las autorizaciones para llevar a cabo sus objetivos, así ocurrió en la instalación del Cimari de General Cepeda que desde que se anunció, las protestas contra su instalación y funcionamiento han sido constantes.

Coahuila se presenta como una región “ganadora”, aunque solo se toma en cuenta la conquista económica, pero lo cuestionable es que la sustentabilidad ambiental decae, declina, se abate, la periferia rural se amalgama con las metrópolis urbanas en una simbiosis territorial que comprende el cambio del uso del suelo, la degradación del ambiente, la polarización territorial, y la recomposición de la economía local y regional y estos procesos generalmente son ignorados por las políticas públicas y los planes de desarrollo de los gobiernos.

Las armadoras automotrices GM y Chrysler en Ramos Arizpe fueron el detonante de la interurbanización de Saltillo, Arteaga y Ramos Arizpe, que crecieron de manera rápida y anárquica con fuertes presiones de los desarrolladores o fraccionadores hacia los ayuntamientos y gobiernos estatales.    

En este proceso la política ambiental estuvo ausente, los tiraderos clandestinos de desechos industriales, la proliferación de pedreras en las faldas de la vecina Sierra de Zapalinamé, y la construcción de viviendas por arriba de la cota permitida; no se atendieron ni  se aplicaron medidas estrictas para contener la explotación de los mantos acuíferos que abastecen a las tres ciudades, menos aún se reguló la contaminación del aire, aseguran los autores. A la distancia se puede afirmar que en materia de medio ambiente, la región  “ganadora”, resultó “perdedora” (P.8)

Es inocultable la colusión entre las autoridades del  gobierno Federal (2012-2018) el estatal  y los municipales para los que los daños ambientales sean ilusorios, lo que resulta inocultable es la marginación y vulnerabilidad de los pobladores ejidales a los que les son conculcados sus derechos humanos a un medio ambiente sano.

Ayer cerca de 200 campesinos de los ejidos de General Cepeda bloquearon la carretera libre Saltillo-Torreón durante más de 6 horas para exigir al Gobierno Federal la clausura del basurero tóxico instalado en el ejido la Noria de la Sabina, a causa de los daños ambientales y de salud de los ejidatarios, aunque fueron desalojados por las fuerzas policiacas estatales.  

* EL SISTEMA URBANO RURAL DEL SURESTE DE COAHUILA, UNA REGIÓN “GANADORA” CON POLÍTICAS PÜBLICAS PERMISIVAS ANTE LA DEGRADACIÓN AMBIENTAL: EL CASO DE LOS CIMARI. Dr. Luis Aguirre Villaseñor, José Luis García Valero.