Cuando el chef italiano Massimo Bottura  hizo cuentas, descubrió que para tener bien alimentados e hidratados en cada comida tres veces al día a 18 mil atletas, entrenadores y funcionarios de la Villa Olímpica de Río, se necesitaban cada día, 250 toneladas de ingredientes crudos.

Se impresionó ante la posibilidad de un desperdicio colosal y pensó: hay que copiar a las abuelas de todo el mundo, ellas sabían aprovechar la comida que de otra forma se desperdiciaría y convertirla en comida maravillosamente deliciosa.

De inmediato pensó en la oportunidad de hacer algo y marcar la diferencia. La idea cobró realidad cuando algunos de los chefs más famosos del mundo, como el brasileño Alex Atala y otros que llegaron a Río desde California, Alemania y Japón, se afanaban en una cocina repleta de voluntarios, mientras improvisaban una cena para 70 personas sin hogar.

Las empresas que abastecieron la Villa Olímpica respondieron al proyecto donando todos los ingredientes que podrían haber sido rechazados porque, aunque eran frescos y en buen en estado, visualmente no eran perfectos. Un gran voluntariado de chefs, ayudantes de cocina y meseros de los chefs.  Bottura dice que no es cuestión de “caridad”, sino de principios: inclusión social y educar a la gente sobre el desperdicio. Dar esperanza a quienes la han perdido por completo.

Massimo Bottura, cuyo restaurante en Modena,  Osteria Francescana, ganó recientemente el primer lugar del prestigioso World’s 50 Best Restaurants,  encabeza la asociación llamada “Comida para el alma”, revela The New York Times, que publicó la historia de este chef. 

Los comensales llegaron arrastrando los pies, con los ojos expectantes. El chef explicó los platillos que salían de la cocina servidos en una vajilla sencilla. El comedor se llenó de gritos y aplausos.  

Después de consumir exquisitos platillos elaborados con los elementos disponibles, las exclamaciones fueron: “Dios mío, toma cáscaras de plátano y las convierte en un increíble helado”. “Más que comida, recibí la cucharada de amabilidad y respeto que necesitaba”.

“No es un  proyecto temporal”.  La organización de Bottura llamada Food for Soul, tiene contrato de alquiler por 10 años y planea mantener la operación después de que terminen los Juegos Olímpicos. Para que sea sustentable servirá almuerzos a clientes que paguen y usará las ganancias para financiar 107 cenas diarias para los necesitados. 

Cuando las personas reciben amabilidad y respeto a su dignidad, empiezan a recobrar la esperanza. Esta filosofía ha captado la atención en otras ciudades: Montreal, Los Ángeles, Nueva York.
         
¡Decídete a ser feliz hoy!        

   @_A_lfonsina