Así calificó Jesucristo a los sacerdotes que en su tiempo fueron piedras de escándalo, sepulcros blanqueados, guías ciegos, hipócritas, hijos del diablo, asesinos de profetas, según los describe el Evangelio: “¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo evitaréis el juicio del infierno?” (Mat. 23:33).

Y eran los tiempos en que los escribas y fariseos querían incriminar a Jesús, hacerlo caer, acusarlo igual que a Juan el Bautista del que decían “¡Demonio tiene!”, y así lo seguían para inculparlo y al verlo sanar a un endemoniado ciego y mudo de inmediato dijeron: “Este no echa fuera los demonios, sino por Belzebú, príncipe de las tinieblas” y entonces él, que sabía del pensamiento de los sacerdotes les reprobó diciendo: “Generación de víboras ¿Cómo podéis hablar bien, siendo malvados? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”.

Y mire usted que eso sucedió hace más de 2 mil años y la cosa no ha cambiado en absoluto, pues muchos sacerdotes de ahora son una nueva generación de víboras.

El caso del monstruo de Cotija, Marcial Maciel, es el vivo ejemplo de un sacerdote drogadicto y pederasta que había engañado a las élites de este país, hiel de amargura y prisión de maldad para muchos niños y niñas víctimas inocentes de su perversidad ¿Un hijo del diablo?, no sabemos, pero sí era protegido del papa Wojtyla, una maldición para quien se hacía llamar Vicario de Cristo.

Pablo, el judío helenizado debatiente en el Areópago que, sin haber conocido al Cristo, inicia sus epístolas diciendo: “Yo, Pablo, apóstol de Jesucristo por la gracia de Dios”. También Santiago dice en su Epístola Universal: “Yo, Jacobo, siervo de Dios y de Jesucristo”. Lo mismo Pedro inicia sus cartas como apóstol de Jesucristo. Y así también Judas Apóstol.

Pero tenemos que el mismo Jesús advirtió a sus discípulos en el Monte de los Olivos respecto a los falsos apóstoles: “Porque vendrán muchos en mi nombre y a muchos engañarán”. Y efectivamente, ahí tienen ustedes al corrupto Simón, el Mago de Samaria, el falso apóstol de aquella antigüedad o al tal Naasón, el de la Luz del Mundo, que se hace llamar “apóstol de Jesucristo en la tierra”, el mismo que está hoy en la cárcel por abuso sexual de menores y pornografía infantil, también acusado como lo fue su padre sacerdote de la misma secta, Samuel Joaquín Flores: ejercer el derecho de pernada sobre las hermanas de su religión.

Ejemplo de sobriedad y temperancia fue Juan el Bautista, que se vestía de burdas pieles y comía chapulines en el desierto: “Y tú quién eres” le preguntaron los sacerdote y Juan respondió: “No soy el mesías, ni Elías, ni el profeta, soy la voz del que clama en el desierto, del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato”.

Y que gran honor llevar el apellido Bautista que nos recuerda a San Juan porque de él dijo el Cristo que no había nacido hombre más grande que Juan el Bautista y la gran tragedia de estos días es que un sacerdote llamado Francisco Javier Bautista está preso como principal sospechoso del asesinato de un seminarista de su iglesia Cristo Salvador.

“¡Serpientes, generación de víboras!”. Y las cosas no han cambiado desde entonces. Están peor: “¡Vade retro Satana!” (Marcos 8:33).