Creo recordar que alguna vez mencioné el concepto “gente sin historia”. La idea es vieja. Me parece que el primero que la utilizó fue Federico Engels cuando empezó a trabajar con los eslavos y aprendió algunas de sus lenguas (ruso, checo, esloveno), y comunicó a su amigo Karl Marx que encontró pueblos esforzados, generosos, que no habían logrado ingresar a las páginas de la historia. Eric Wolf retomó la idea y publicó un hermoso libro con el título “Historia de los Pueblos sin Historia”, que editó Era. El libro ya envejeció, pero fue el detonador de un género al que yo me acogí y traté de introducirme a partir del conocimiento del enorme acervo del Archivo Municipal de Saltillo: esclavos negros, tlaxcaltecas, nómadas, delincuentes, mujeres. El género está ahí para quien se interese, hay demasiado por hacer y mucha información.

Traigo a cuento el tema porque recién el domingo pasado presenté un libro en la Feria al que no se le dedicó ni siquiera una línea. Soy autor, junto con Celso Carrillo, de “Entre los Ríos Nazas y Nadadores: don Dieguillo y Otros Dirigentes Indios Frente al Poderío Español”. La idea inicial era escribir la biografía de don Dieguillo, indígena del río Nadadores que tuvo un papel importante en la vida de toda la región y, por región considero todo Coahuila, partes de Nuevo León y algo de Durango. Pronto nos dimos cuenta que una biografía era imposible porque no teníamos los suficientes datos de su vida, digamos, personal; en cambio abundan los manuscritos que le otorgan una enorme importancia, en su mayor parte como enemigo de los españoles y en otros como apoyo importante para los misioneros. Dilucidar la verdad entre documentos que van de 1620 a 1717 (vivió 100 años) no fue fácil.

Don Dieguillo fue ante todo un dirigente, que tuvo la inteligencia de mediar entre los españoles que querían a los indios únicamente como mano de obra y los aborígenes que no soportaban el dominio sobre sus cuerpos y sus mentes. Dieguillo es uno de los que recibieron a fray Juan Larios y lo acompañaron en sus primeras correrías, precisamente intentando rescatar a las mujeres y niños de un grupo indio que estaban encerradas en Parral como rehenes para obligar a sus esposos a que se entregaran. Larios fracasó, y gracias a eso inició su trabajo misional en Coahuila y su lucha política por liberar a sus habitantes autóctonos de la persecución de la que eran objeto, tanto por los vizcaínos como por los nuevoleoneses. Larios tuvo una vida efímera y no pudo ver casi nada de lo que pretendía, pero dejó cartas de una fuerza enorme denunciando las tropelías españolas.

Se legalizó la existencia política de Coahuila y se crearon misiones. Éstas fueron utilizadas por los indios como refugio para evadir las persecuciones. Déjeme darle un dato de algo que sucedió muchos años antes. El capitán Francisco de Urdiñola envió al rey una larga carta notariada en que manifiesta lo que había hecho por el imperio: declara 31 méritos: 29 consistieron en perseguir indios, uno relativo a la fe y otro a sus empresas. La cuestión era el sometimiento de los aborígenes. Y en ese ambiente la presencia de don Dieguillo fue un pararrayos. Hombre sagaz, político experimentado que era escuchado por grupos étnicos que en otro tiempo se mataban entre sí. No optó por la violencia aunque parece que la justificó. Intentó mediar entre poderes y utilizó las luchas políticas entre provincias o entre misioneros para defender a su gente.

Este libro puede introducir al lector en un pasado distinto al que nos platicaron. Conocemos un contexto sin el cual no se entendería lo que (aparentemente) sucedió. El pasado nos será siempre desconocido aun en lo que parece evidente, pero es necesario introducirse en él desde otros puntos de vista y escogiendo otros sujetos. Aporta muchos documentos que servirán a conducirnos a una comprensión más certera.

Ya nos advertía Miguel de Cervantes, en “El Quijote”, que para abordar al pasado una es la idea del poeta y otra la del historiador: el poeta dice lo que debió haber sido, no lo que fue, mientras que el historiador dice lo que fue y no lo que debiera ser. Empuja hacia la búsqueda de la verdad no a la conveniencia de los intérpretes. Don Dieguillo todavía seguirá dando de qué hablar a pesar de este libro.