Aunque la pintura aún no está terminada, es un adelanto de lo que veremos en la exposición de diciembre.
El artista presentó un adelanto de su exposición anual, en el que retrata a la capital coahuilense como nunca antes lo había hecho

Geroca observa la ciudad desde todos los ángulos posibles. La ve desde el nivel del suelo, entre sus calles y dentro de sus bares, restaurantes y cantinas, y también la ve desde los cielos; crea mapas detallados de callejones y cuadras enteras con sus edificios emblemáticos.

Estos cuadros urbanos, que suelen constituir las piezas más importantes de las series que presenta cada invierno en la Taberna el Cerdo de Babel, suelen estar atiborrados gente y actividad por doquier. Un accidente por ahí, un paseante por allá, monjes alcoholizados, ratones bicicleteros; asaltos, risas, niños y adultos, aventuras y desventuras.

Pero en la pieza de gran formato que creó para este año Saltillo duerme. Hay indicios de actividad en algunas zonas, pero solo se infiere, como el estacionamiento de la de Allende, repleto de autos.

No hay gente por las calles, solo un automóvil transita solitario rumbo al sur, pero en medio, en una Plaza de Armas sin vegetación, recostado y plácidamente dormido, un perro azul gigantesco resguarda la ciudad, atento a cualquier amenaza externa.

"El perro que cuida la ciudad" es como pocos en la obra de Geroca. La noche se llevó casi todos los colores que caracterizan sus pinturas y ahora solo se encuentran donde las luces de las farolas alcanzan a iluminar o donde la luna llena deja caer su velo azul, como sucede sobre la Sierra de Zapalinamé.

La pintura aún no está terminada, pero de acuerdo con Sergio Castillo, socio del Cerdo de Babel, quería darla a conocer en redes como un adelanto.

Fue con él con quien conversamos para conocer más sobre la pieza y recalcó que aunque aún le faltan unos detalles menores todavía no está terminado el cuadro, pero no lo hizo con intención de celebrar el aniversario de la ciudad, pues incluso es de los que disputan que se haya fundado un 25 de julio —debate historiográfico que hasta la fecha continúa—.

“Le gusta la historia de la ciudad, del noreste del país, es un gran lector de literatura de este género, y por eso está tan obsesionado con la arquitectura de las ciudades, además es arquitecto de profesión. Y aquí procura hacer un muy buen uso de la perspectiva, la luz, la profundidad de campo y los colores”, comentó.

Fiel a la representación de los detalles que conforman el paisaje urbano del primer cuadro —que no al perfeccionismo académico, pues entonces su fidelidad se inclina hacia su estilo caricaturesco— no dejó estructura de importancia sin retratar, incluida la nueva torre mirador, cuya construcción, señaló Castillo, no apoyó el pintor.

El gestor cultural, nos contó, le increpó al artista porqué la puso si no le gusta, y él respondió que “la tengo que poner, aunque no nos guste ya es parte de nuestra historia”.

Tal vez inspirado en la pandemia, que dejó durante un tiempo vacías las calles de la ciudad y en letargo la actividad nocturna del Centro Histórico y de otras zonas, o tal vez simple observación y exploración dentro de su vasta obra, Geroca presentó este adelanto como una forma de decir y demostrar que se prepara para ofrecer este próximo diciembre otra gran exposición.