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27 de enero, Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

Con la ayuda de Gilberto Bosques Saldívar, más de 40 mil refugiados judíos y republicanos españoles que vivían en Europa durante el Tercer Reich consiguieron abandonar el continente, asolado por la Segunda Guerra Mundial.
 
El diplomático cumplió órdenes del presidente Lázaro Cárdenas y facilitó la huida de miles de inocentes ante la persecución política que afrontaban en España tras la derrota de los republicanos en la Guerra Civil española, publicó el sitio web Notimerica.
 
Y lo consiguió falsificando sus documentos para que pudieran viajar a México.
 
“Familias enteras se salvaron gracias a la política exterior mexicana, pero la labor de Gilberto Bosques en París cambió el destino de al menos 20 mil republicanos españoles que huyeron a Francia tras la Guerra Civil”, destacaron en 2015 los representantes de la misión de México ante la Unión Europea en el marco de los actos conmemorativos del 20 aniversario de su muerte que tuvo lugar en Luxemburgo.

Enviado personal del Presidente de México
Profesor, periodista, político y diplomático mexicano, Gilberto Bosques Saldívar, nació en Chiautla de Tapia, Puebla, el 20 de julio de 1892. Participó en la rebelión de Aquiles Serdán en 1910. Tras el triunfo de la Revolución se hizo político. En 1934, como Diputado y Presidente del Congreso de la Unión, respondió al Primer Informe de Gobierno del presidente Lázaro Cárdenas.
 
Sobre él, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), señala en su dirección de internet que en 1939, cuando la República Española caía ante el embate franquista y la guerra se cernía sobre el resto de Europa, el presidente Cárdenas lo nombró Cónsul General en París. Su misión real era convertirse en un enviado personal del Presidente de México en Europa.
 
Bosques salió de París cuando la ciudad estaba a punto de ser tomada por los alemanes. Con amplias instrucciones para establecer el Consulado donde le conviniera, viajó primero al sur y después a la costa norte. Reestableció el Consulado General primero en Bayona, pero cuando los alemanes ocuparon la zona se trasladó con su familia y el consulado entero a Marsella, en el Mediterráneo, dentro de la zona del Gobierno francés de Vichy, nominalmente independiente de los alemanes.

Su primera preocupación fue defender a los mexicanos residentes en la Francia no ocupada, pero pronto protegió también a otros grupos. Apoyó a libaneses con pasaporte mexicano y a refugiados españoles que buscaban huir de los nazis.

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De hecho, se cree que fue él quien convenció al presidente Lázaro Cárdenas de abrir las puertas de México a los republicanos españoles. Era tan grande la afluencia de refugiados que buscaban una visa mexicana, que Bosques alquiló dos castillos -el de Reynarde y el de Montgrand- para convertirlos en centros de asilo mientras se arreglaba su salida hacia México.
 
Desde Marsella, el diplomático mexicano también tuvo que hacer frente al hostigamiento de las autoridades proalemanas francesas, al espionaje de la Gestapo, del gobierno de Franco y de la representación diplomática japonesa, que tenía sus oficinas en el mismo edificio de la delegación mexicana.
 
Sin embargo, el Cónsul no quedó satisfecho y amplió su apoyo a los refugiados antinazis y antifascistas. Al concedérseles visas mexicanas, las autoridades francesas los dejaban salir del País porque consideraban que ya no serían un problema político para ellas.
 
Más complicado fue el caso de los judíos. El consulado ocultó, documentó y les dio visas a numerosos judíos, pero era mucho más difícil sacarlos de Francia.

Pero en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, Bosques Saldívar no solo salvó a judíos y republicanos españoles, sino también a miles de polacos, italianos y yugoslavos, por lo que finalmente fue arrestado en 1943 por los oficiales nazis.

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Finalmente México rompió las relaciones diplomáticas con el Gobierno de Vichy. Gilberto Bosques presentó la nota de ruptura. Poco después el Consulado fue tomado por tropas de la Gestapo alemana, que confiscaron ilegalmente el dinero que la oficina mantenía para su operación.
 
Bosques, su esposa María Luisa Manjarrez y sus tres hijos: Laura María, María Teresa y Gilberto Froylán; entonces de 17, 16 y 14 años, respectivamente, y el personal del Consulado, 43 personas en total, fueron trasladados hasta la comunidad de Amélie-les-Bains.
 
Después, violando las normas diplomáticas, se les llevó a Alemania, al pueblo Bad Godesberg, y se les recluyó en un “hotel prisión”. Allí destacó la actitud de Bosques ante un funcionario alemán, y logró sobrevivir al ser intercambiado por prisioneros alemanes.
 
Bosques regresó a México en abril de 1944. Miles de refugiados españoles lo esperaban en la estación de ferrocarril de la capital para recibirlo.
 
Tras la guerra, Bosques fue designado ministro de México en Portugal, Finlandia, Suecia y, de 1953 a 1964, en Cuba. Murió el 4 de julio de 1995.
 
El 4 de junio de 2003 el gobierno austriaco impuso a una de sus calles, en el Distrito 22 de Viena, llamado Donaustadt o Ciudad del Danubio, el nombre de Paseo Gilberto Bosques, avenida que hace esquina con la calle Leonard Bernstein. De esta manera, el gobierno de Austria quiso honrar la memoria de un ilustre diplomático mexicano, quien ayudó durante la segunda guerra mundial a salvar a muchos austriacos del poder nazi.
 
Su nombre está grabado en los muros del recinto del Congreso del Estado de Puebla, México desde el año 2000. Con información de Conapred y Notimérica.