A partir del incremento de los precios del diésel y gasolinas, desde octubre de 2018 se gestó en Francia el movimiento de los “chalecos amarillos”, cuyas repercusiones sociales han sido menores en Bélgica, Holanda, Alemania, España e Italia. A partir de ese tiempo las demandas de esas protestas sociales han escalado hacia otras situaciones de desigualdad social e inequitativa distribución del ingreso, inclusive la renuncia del presidente Emmanuel Macron. Es decir, aunque se autodefine sin portavoz oficial y transversal, con apoyo de las redes sociales, ahora amenaza con convertirse en un movimiento político de más alcance.

Aunque con infiltrados que generan actos vandálicos y enfrentamientos con la policía para desprestigiar, las manifestaciones suceden cada sábado. El asunto es que los “chalecos amarillos” no tan sólo son personas de ingresos bajos o migrantes, sino que también participa población de la clase media que se ha visto afectada precisamente por la disminución salarial. El destino nos alcanzó y este tipo de movimientos sociales cada vez se extiende más en otras regiones del mundo.

“Cuando el destino nos alcance” y ya nos alcanzó. La desigualdad social es un resultado natural de la globalización económica. Desde la década de los años setenta del siglo pasado los inversionistas de los países desarrollados obtuvieron excedentes de capital que reinvertidos en sus propios espacios estaban ahogando sus economías, con exceso de liquidez y elevación de precios, depreciación y afectación negativa en tasas de interés; asimismo, con sus mercados ya abastecidos estancando los niveles de ganancia.

Por lo anterior, para los países desarrollados fue necesario abrir los mercados externos para colocación tanto de inversión directa como de mercancías, lo que se logró con wla renegociación de las deudas externas, sobre todo en América Latina, estableciendo condiciones precisamente de apertura comercial y económica, cambiando el modelo proteccionista por el modelo neoliberal: reducción arancelaria, desregulación, privatización o liquidación de empresas paraestatales, contención salarial para reducción de costos de producción, entre otros puntos de acuerdos con el Fondo Monetario Internacional que fungió como mediador entre los gobiernos de los países deudores y la banca internacional.

La globalización económica, así, ha sido la expansión progresiva del capital a escala mundial, con mínimas barreras y restricciones.

En poco más de tres décadas, en los países centrales y en los periféricos se generó una reducción considerable del ingreso agregado acentuando las desigualdades y problemáticas sociales, como la pobreza y el crimen, por tanto la migración extendida.

Los “chalecos amarillos” es ejemplo de los efectos negativos de la globalización en los países desarrollados. Las clases medias reclaman que no les favorecen ni el incremento del salario mínimo ni la reducción de impuestos a este salario y a jubilados, asimismo reclaman reducción de privilegios de altos funcionarios y, lo más importante, exigen participar democráticamente en las decisiones de política y de economía a través de un Referendum de Iniciativa Ciudadana del cual surgirían leyes sin aprobación parlamentaria, y para el movimiento este asunto es inflexible.

El avance de las derechas populistas en Europa y Estados Unidos —racistas y excluyentes— con reivindicaciones de más empleo formal e incremento del poder adquisitivo, con medidas de protección a la economía nacional (guerra comercial), son resultado igualmente de los efectos negativos de la concentración de la riqueza generada por la globalización.

El capitalismo se encuentra en crisis y el crecimiento económico mundial está estancado precisamente porque uno de los aspectos más importantes, entre otros, es la reducción de sueldos y salarios, la reducida demanda agregada que ha debilitado mercados locales y externos y por tanto las expectativas de ganancia.

Los paradigmas del modelo económico neoclásico —o neoliberal— no han favorecido a la sociedad en su conjunto, de ahí la necesidad de fortalecer la participación democrática para que el Estado de Derecho oriente la economía. Si la Cuarta Transformación ofrece resultados positivos para el conjunto de la sociedad mexicana, será un buen ejemplo alternativo, pero eso está por verse.

El asunto es que no sólo son personas de ingresos bajos, sino que también participa la clase media que se ha visto afectada

*Catedrático de la
Facultad de Economía
de la UAdeC
José María González Lara*