En teoría, el gobierno y los legisladores representan a los gobernados. Y digo en teoría, porque si usted estimado leyente se pregunta a sí mismo si se siente representado por quienes eligió en las urnas y luego le pregunta a los vecinos de su cuadra, para circunscribirnos en lo corto ¿cuál cree que sería la respuesta? En una democracia representativa y es la que se consigna en el 40 constitucional: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica y federal…”, así debiera ser… pero… ¿Usted cree que los políticos hacen lo que quieren sus mandantes? Hay estudios profesionales al respecto y en ellos se demuestra que los políticos tratan a la gente como si fueran infantes. Mi amiga Laurita es más cruda para expresarlo, ya se imaginará lo que dice. No me atrevo a escribirlo. Ahora bien ¿qué pasaría si los gobernantes actuarán exactamente como les instruyeran los gobernados? Entre la población hay posturas muy radicales, y hay otras de plano indiferentes a lo que sucede en el ámbito del poder público. Se trata de posiciones absolutamente antagónicas, y los extremos jamás han sido buenos, por expresarlo de manera coloquial.

Ante esta realidad ha ido cobrando espacios la idea del llamado “gobierno abierto”, emparentado sin duda con la democracia directa, aquella que se vivía en el ágora griego y en tiempo más modernos, en vía de ejemplo, en los cantones suizos, todavía el siglo pasado. El pueblo tomaba decisiones administrativas y hasta elegía concejales directamente en la plaza pública. Esta idea de gobierno abierto, es una nueva forma de gestión pública, una nueva manera de relacionarse gobernantes y gobernados. Plantea una gestión pública transparente y colaborativa, obviamente partiendo de que la ciudadanía tendrá a su disposición información completa, veraz, objetiva y en suficiencia, toda vez que resulta indispensable para que la participación de la comunidad sea verdaderamente deliberativa y propositiva y conduzca al gobierno a implementar políticas públicas idóneas y efectivas. El gobierno abierto es en sí mismo una revolución por la forma en que se abre a la comunidad la información de la administración pública, se construye una plataforma para que el ciudadano deje de ser mirón de palo y se convierta en protagonista, influyendo palpablemente en las decisiones que se tomen desde el órgano de poder. Pero subrayo, la autoridad debe estar dispuesta a entregarla, no como ocurre hoy día con el deficiente sistema de acceso a la información que tenemos, en el que se llega incluso al extremo de irse a juicio para obtenerla. En un gobierno abierto se aspira a combinar adecuadamente la teoría de la democracia participativa con el principio de la representación ciudadana. Se fomenta la participación directa de la ciudadanía, se le facilita su intervención para que delibere, opine y proponga. Ahora bien, en un país como el nuestro, que apenas empieza a interesarse en la cosa pública, y que semejante apatía en mucho deviene de la educación impartida en las aulas, que no se ha empeñado ni medianamente en formar ciudadanía… ¿podríamos entrar de lleno a esta forma de vinculación con nuestros gobernantes? ¿Estarían dispuestos desde la esfera pública a implementarla? Usted respóndase, estimado leyente.

Sería de desearse que todos los partidos iniciaran un movimiento serio en esa dirección, ya que al final del día, de sus filas, preponderantemente, salen los gobernantes. Es tiempo de darle vida a lo dispuesto en el artículo 41 constitucional, numeral I romano, segundo párrafo: “Los partidos políticos tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática…” Se debe privilegiar al pueblo como sujeto de la acción política, pero no como se ha estilado en este país desde siempre, es decir, con el infausto asistencialismo, con clientelismo por toneladas, con complicidades deleznables que tarde o temprano van saliendo a la luz pública y muestran el estercolero en toda su pestilente crudeza. Es fundamental tender puentes reales, no de simulación, desde el ámbito  gubernamental, con los únicos dueños de este país, razón y destino de todas y cada una de las acciones de gobierno. El pueblo tiene que participar en la toma de decisiones que le van a afectar. Pero sin consultas amañadas desde la unilateralidad del partido en el gobierno, sino con plataformas ex profeso en las que la gente participe con entera libertad y le garanticen que no se trata de una faramalla populista más.

Ya se está haciendo en otros países, y aquí en México han empezado los intentos a nivel federal. Necesitamos alternativas viables para ser un país con niveles de bienestar generalizado. Hay posibilidades con el ejercicio de gobiernos abiertos.