Por primera vez en su vida aquel sujeto iba a jugar golf. Nunca antes había tenido en sus manos un bastón. Le preguntó al caddie:

-¿De qué se trata este jueguito?

Respondió el muchacho:

-¿Ve usted esa banderita que está allá? Al pie de la banderita hay un hoyito. Se trata de meter la pelotita en él.

Hizo su tiro el individuo, la pelota describió una graciosa curva en el aire y fue a caer directo en el hoyo. ¡Hole in one! El caddie se quedó estupefacto.

-¿Qué sigue ahora? -preguntó el tipo con indiferencia, como si lo que había hecho fuese la cosa más natural del mundo.

-Hay que meter la pelotita en el segundo hoyo -contestó el caddie todavía boquiabierto.

Hizo su nuevo tiro el hombre, la pelota cayó a unos cuantos centímetros del hoyo y rodó hasta caer en él. ¡Segundo hole in one! El caddie, turulato, no daba crédito a sus ojos.

-¿Y ahora? -pregunta el individuo.

-Lo mismo -balbució el muchacho-. Hay que meter la pelota en el hoyo número tres.

Tiró el sujeto, la pelotita cayó, rodó y se detuvo a un par de milímetros del hoyo.

-¡Caramba! -se apenó el individuo. Luego se volvió hacia el caddie y le dijo con tono de disculpa:

-Bueno, no se te olvide que estoy comenzando.

Desde luego el anterior relato es pura fantasía. Hacer un hoyo en uno es cosa de milagro, para no hablar de dos seguidos. Jugaban una vez San Pedro y el Señor. Éste hizo su tiro. La pelota pegó en una farola, rebotó contra el tronco de un árbol, la cogió una ardilla, vino un águila que levantó a la ardilla, en el aire la ardilla soltó la pelota, y ésta fue a caer directamente al hoyo. Y dijo San Pedro con enojo:

-¡Milagritos aquí no, Señor! ¡Estamos jugando por dinero!

Ni los mejores maestros del golf podrían consumar hazañas semejantes. ¿A qué maestros me refiero? La lista clásica de los más grandes jugadores en la historia del golf la hizo Sam Snead a petición de Irving Wallace, famoso novelista norteamericano y golfista él mismo de cinco días a la semana. He aquí la selección de Snead:

1-. 

2-. Jack Nicklaus.

3-. Ben Hogan.

4-. Byron Nelson.

5-. Arnold Palmer.

6-. Bobby Jones.

7-. Walter Hagen.

8-. Gene Sarazen.

9-. Billy Casper.

10-. Gary Player.

 

El escritor le preguntó a Sam por qué dejaba en blanco el espacio correspondiente al primer sitio. El gran maestro respondió que hacía eso porque si ponía a alguien en ese lugar se ganaría un ingrato y nueve enemigos. Wallace, sin embargo, supuso que al hacer tal cosa el legendario campeón daba a entender que ese primer lugar le correspondía a él. O quizá -digo yo- reservaba el espacio desde entonces para Tiger Woods.

Lo que está fuera de duda es la pasión constante del golfista por mejorar su juego. Contaba uno:

-Hice un tiro; la pelota se desvió, salió del campo y fue a pegarle en la cabeza a una ancianita. La vi caer sin sentido con el rostro lleno de sangre.

-¡Qué barbaridad! -exclamó el que lo oía-. Y tú ¿qué hiciste?

Respondió el golfista:

-En el siguiente tiro me acerqué un poco más a la bola, procuré no doblar el codo y apreté más el bastón. 

Nota: Esta columna está dedicada a mi queridísimo nieto David, que hizo un hoyo en uno en el Campestre de Saltillo.