Flota aérea en grandes incursiones.

En búsqueda de respirantes que permitan el acceso a gargantas para así avanzar hacia las células pulmonares cuyos sistemas reproductivos las multiplican.

Las gotículas son  relativamente grandes, pesadas, caen pronto en recorrido breve. Pero los aerosoles son tan pequeños que son arrastrados por las corrientes de aire, acondicionado o condicionado solo por voz, estornudo, canto o simple exhalación. Y entonces quedan flotando con su carga infecciosa, hacen posible el contagio aéreo y su espectro de desplazamiento es mayor.

La mascarilla sanitaria no puede ser cualquier trapito mal puesto que ni impida despegue ni evite llegada. La distancia, en lugares cerrados o con aire acondicionado, ha de ser mayor que la indicada. Para los más listos, la mejor distancia es la ausencia, mientras el semáforo siga siendo monocromático: encarnado y bermellón.

Va cobrando impopularidad la mitigación antifestiva. Las pachangas y jolgorios tienen, bajo la máscara, el rostro del “rebrote” virulento de aumento de contagios. Son la negativa noticia del surgimiento de más casos positivos.

PANTALLA EN VEZ DE AULA

La nueva generación está suficientemente “apantallada” para no sentirse muy incómoda. Será la transmisión en pantalla grande y no verá juegos o cintas de animación sino el conocido rostro de la “seño” o el “profe”. Verá el pizarrón, los carteles y hasta animaciones educativas y videos que hacen visualizar -en movimiento- la enseñanza. El mundo que se ha calificado como “volátil, incierto, complejo y ambiguo” saldrá de su caos habitual en las clases de cada día. Cualquier adolescente de hoy ya es experto en surfear en la ola tecnológica.

Tendrá que subrayarse más, en esta nueva normalidad docente, la relación entre el que enseña sabiendo y su alumno y, mucho mejor, si no tiene solo “saber” para enseñar sino también “ser” para educar. No podrá haber sustitución suficiente para el compañerismo, la amistad, la camaradería, la alegría de caminar juntos. Hasta las tareas en equipo tendrán que hacerse en sesiones virtuales, que también captan rostros y gesticulaciones. La educación nacional hará camino al andar y tendrá que descubrir nuevas técnicas para que, imagen y sonido alcancen su más alto grado de transmisión educadora. Los sordomuditos aprovecharán lenguaje de señas y ya la creatividad técnica está realizando adaptaciones para atender otras discapacidades.

LIBROS CONFINADOS

Ha de aplaudir con sus páginas un libro cuando alguien lo saca de su estante. Hay muchos libros que padecen un confinamiento que parece interminable. Los horarios de los posibles lectores se van llenando de sonidos e imágenes en movimiento y la lectura queda apretujada en instantes impacientes que no se alargan.

No es leer por leer. Lo recomendable es la selección inteligente y la dosis saludable. Releer lo óptimo es un reconocimiento no solo de la inspiración sino de la transpiración. No solo el esplendor de la genialidad expedita sino el mérito del esfuerzo disciplinado y tenaz.

CODICIA, RAÍZ DE CORRUPCIÓN

El síntoma no es la patología. No son lo decisivo las burbujas de la superficie sino el cadáver que se pudre en el fondo. La erupción cutánea, la calentura, el cansancio solo anuncian una presencia perniciosa en el cuerpo. Si no se educa para erradicar la codicia, el afán desordenado de tener, la avaricia voraz y rapaz, seguirán los malestares. En familias, escuelas y comunidades de fe ha de educarse diariamente en ese valor de la honradez que respeta lo ajeno y ni vende la propia conciencia ni intenta comprar las ajenas. “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo?”... Nunca será felicidad ni auténtica prosperidad buscar esa abundancia que es quiebra de la dignidad personal...