Cada día percibo más personas más descorteses en mi caminar. El día de ayer al abrir una puerta observo a una dama hablando por celular y le detengo la puerta para que pase y al cruzar ni un sólo gesto de agradecimiento y con total ignorancia como no existiera. En los cruces de calle que hay señalamiento de “ceder a uno”, hago alto total y aunque haya llegado primero, trato de darle el paso al automóvil que llega y con prepotencia aceleran sin una actitud de gratitud. ¿Qué pasa? ¿Los padres hemos olvidado enseñar a nuestros hijos a dar las gracias? ¿Los hemos educado con la idea de superioridad y deben ser servidos? ¿Dónde está la humildad y el reconocimiento del otro? Les enseñamos que el mundo es una selva y la única forma de sobrevivir es utilizando y devorando al otro. 

Claro que es una exageración lo que estoy escribiendo porque todavía hay una gran cantidad de personas con un gran sentido de agradecimiento. Sin embargo, noto con mucha tristeza niños que a gritos exigen a sus padres o abuelos que les den en ese instante el celular y después ninguna palabra “gracias”. Pareciera que el mundo está a su disposición y cuando no es así, explotan con una serie de insultos y exigencias. No hay un “por favor” y menos un “gracias.” En otras palabras, formamos pequeños dictadores que serán los futuros líderes de nuestra sociedad y crecerán con la creencia que el mundo debe servirles. Hace poco platicando con un adolescente de 13 años y fue referido a un servidor por sus padres: “No sabemos que hacer con nuestro hijo. Hace lo que quiere, no le podemos pedir nada porque inmediatamente explota con insultos.” Al sentarme enfrente de él y preguntarle por qué de su actitud tan déspota hacia sus papás, su respuesta fue: “No pedí venir al mundo. Ellos me trajeron y tienen que darme lo que deseo. Además, el mundo no me merece.” 

En los últimos años, hemos tenido un culto a la autoestima exagerado. Todo padre deseamos que nuestros tengan una autoestima positiva, pero en vez de darles una autoestima saludable la hemos inflado tanto que para bajarlos será imposible. La autoestima se construye en el reconocimiento de nuestras debilidades y en las cualidades de los demás. Y no al revés: En el enaltecimiento de nuestras cualidades y el menospreció de los demás. Esto es un gravísimo error. Crecemos en el reconocimiento positivo de los demás y de nosotros mismos. La palabra “gracias” es una actitud de humildad y afirmación del valor del otro. 

La gratitud es una actitud que debemos desarrollar desde pequeños. La neurociencia tiene una gran cantidad de estudios que afirman una relación directa entre la palabra “gracias” y menos problemas de depresión y una mayor felicidad. En estudio realizado en el año 2016 por el doctor Joel Wong: “Does gratitude writing improve the mental health of psychotherapy clients?” (¿Escribir Cartas de Gratitud Mejora la Salud Mental de Pacientes en Psicoterapia?) pidió a más de 300 adultos en terapia emocional que escribieran cartas de agradecimiento a toda persona que quisieran dar un gracias. Redactaron escritos a padres, parejas, hijos, jefes, maestros, Dios, etcétera. Encontró el doctor Wong que incrementaron la satisfacción en su vida y mejoraron su bienestar emocional y personal.

Aprendamos a decir gracias desde el momento que despertamos y abrimos nuestros ojos. En cualquier acción recibida tengamos un agradecimiento y veremos que creceremos mejor como personas y daremos una luz más positiva a los demás. 

@JesúsAmayaGuerr