Enrique Graue, que en noviembre cumplirá un primer mandato de cuatro años al frente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha anunciado a sus cercanos que buscará ser reelecto. Ello catalizará la polémica sobre el destino de esa casa de estudios en los tiempos de la Cuarta Transformación.

Una vez que la Junta de Gobierno de la UNAM publique la convocatoria para el registro de aspirantes, en septiembre, puede esperarse que un puñado de hombres y mujeres con sólidas credenciales académicas presenten su postulación.

Para muchos dentro y fuera del ámbito UNAM, Graue ha resultado un rector débil, de bajo perfil, aparentemente enfermizo —padece asma— y sin muchas medallas que lucir, pues fue incapaz de colocar a la UNAM en el centro del debate nacional. Paradójicamente, todo ello puede no significarle un lastre sino una balsa que lo conduzca, no sin turbulencias, a la permanencia en la legendaria Torre de Rectoría.

La liturgia encarnada por los 15 integrantes de la Junta de Gobierno parece desde ahora orientada a permitir a Graue Wiechers un segundo y último periodo. Sin embargo, la propia Junta podría generar la señal de que un nuevo cuatrienio debe traer también un cambio en el equipo de colaboradores del rector, especialmente en las dos posiciones clave: la Secretaría General y la Secretaría Administrativa. Para el primer ámbito se menciona ya a Luis Raúl González Pérez, actual titular de la CNDH.

La reelección en la rectoría de la UNAM es casi una tradición. Así ha ocurrido con la mayor parte de los antecesores de Graue, con la clara excepción de Jorge Carpizo (1985-1989), que no buscó reelegirse por voluntad propia y por la forma en que lo diezmó la huelga estudiantil de 1986.

A la vista de todos hay dos personajes cercanos al gobierno de López Obrador que podrían constituirse en formidables candidatos. Se trata de Rosaura Ruiz, una universitaria químicamente pura y titular hoy de un despacho con nombre kilométrico en la administración de Claudia Sheinbaum en la ciudad de México: secretaria de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación.

El otro es John Ackerman, que ostenta un doble doctorado, en sociología y en derecho constitucional. Es hijo de dos destacados catedráticos en la prestigiosa Universidad de Yale: Susan Rose y Bruce Ackerman, considerado este último un importante pensador global. Es esposo de Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública en el gabinete presidencial.

El problema con ambos es que no son elegibles. La doctora Ruiz dejó a principios de este 2019 su cargo en la propia Junta de Gobierno, y la legislación universitaria le impide ostentar puesto alguno en la UNAM durante el año posterior. La misma normatividad establece que sólo podrá ser rector un mexicano por nacimiento. El doctor Ackerman nació en Estados Unidos y sólo está naturalizado como mexicano.

Con todo, desde diversos espacios gubernamentales y de Morena se ponderan alternativas cercanas a su causa. Las alusiones compartidas con este espacio se concentran en Angélica Cuéllar, directora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, una escuela que junto con las de Derecho, Filosofía y Medicina son siempre cantera de aspirantes. Es muy probable que el nombre de Cuéllar aparezca entre los inscritos.

Pedro Salazar, director del Instituto de Investigaciones Jurídicas, y por años mencionado como prospecto, no parece vivir la mejor de sus circunstancias, pero podría igualmente postularse. En el peor de los casos crearía un antecedente. El exrector José Narro llegó al puesto en su tercer intento.

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