Desde que aparece un logotipo viejo de la Warner Bros. en la pantalla se nos está transportando a décadas anteriores, de las últimas del siglo 20, sin especificar en sus primeras escenas.

De hecho, no es hasta su parte climática, cuando se desatan unos disturbios en las calles de una Ciudad Gótica que es una mezcla entre Chicago y Nueva York, la cámara nos revela en una marquesina de cines los títulos de cintas estrenadas en julio de 1981 como “Estallido” (“Blow Out”), de Brian De Palma o “La última locura del Zorro” (“Zorro: The Gay Blade”) de Peter Medak, el verano de un año en el que con la primavera la violencia alcanzó al mismísimo presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, cuando John Hinckley, un hombre obsesionado con la actriz Jodie Foster desde que la vio de adolescente interpretar a una joven prostituta neoyorkina en el clásico del director Martin Scorsese “Taxi Driver”, de 1976, intentó asesinar al mandatario a su salida de un evento en la ciudad de Washington.

El resto de la década en la que el mismo Reagan se encargó de consolidar el capitalismo norteamericano haciendo héroes del mayor aparato propagandístico que sigue siendo la Meca del Cine desde a actores como Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger a Michael Douglas ganando el Oscar en 1987 por interpretar a un magnate de Wall Street de nombre Gordon Gekko cuyo lema era el de “La ambición es buena” (en “El Poder y la Avaricia”, de Oliver Stone) estrenándose con el cierre de los años 80 dos películas de géneros distintos pero que hicieron historia en el cine por razones distintas: “Batman”, de Tim Burton, el mayor éxito taquillero de aquel año, y la ópera prima en el género documental de Michael Moore titulada “Roger y Yo” donde criticaba el capitalismo representado por la General Motors.

Con estos antecedentes, el cineasta también norteamericano Todd Phillips se propuso con minuciosidad pero total firmeza en su guion de “Guasón” para que fuera una especie de precuela de aquella “Batman”, de Tim Burton, la cual iniciaba con el asesinato de los padres de un pequeño Bruce Wayne en una oscura Ciudad Gótica pero que al crecer se enfrenta con uno de los villanos clásicos del “Hombre Murciélago”, “El Guasón, cuya aproximación bufonesca no pudo haber tenido un mejor intérprete que el primer actor ya para entonces dos veces ganador del Jack Nicholson, el primero por haber interpretado a un hombre recluido en una institución psiquiátrica en “Atrapado sin Salida” (Milos Forman, 1975).

“Guasón”, por tanto, tiene a Joaquin Phoenix ahora más que antagonista como protagonista de una historia que hace guiños a clásicos de Scorsese que van de la mencionada “Taxi Driver” a “El Rey de la Comedia” (1983), como un aspirante a comediante de nombre Andrew Fleck con un mal psicológico que la misma sociedad que lo rodea lo detona a explotar como el infame “Guasón” del título, elevando con su actuación y la manufactura total del filme la tira cómica en que se basa de una manera equivalente al cine de clase B como lo hizo Guillermo del Toro en “La Forma del Agua”, del 2017, y por lo mismo teniendo como antecedente su triunfo en Venecia como aquella no dudemos Oscar lo tenga en la mira también. Después de todo, es un espejo de nuestros tiempos entre Trump y la “anarquía conservadora”.

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