La búsqueda y el suministro seguro y confiable del agua se hacen más difíciles en regiones como la nuestra, parte del desierto de Chihuahua y Coahuila. Históricamente las fuentes locales del agua fueron motivo de sangrientas luchas entre las tribus indígenas del territorio y extendidas a la Colonia, entre los nuevos pobladores españoles. Casi 500 años después la guerra continúa. “Guerra viva” llamó don Isidro Vizcaya Canales, historiador nuevoleonés, a la lucha entre las tribus guerreras y los nuevos pobladores por la posesión del agua y los territorios clave para obtenerla. Guerra viva se vive hoy todavía por el agua.

Las exploraciones de tierras y las campañas militares para el exterminio de los “salvajes” en las regiones desérticas, del centro y norte del estado, bautizaron los lugares donde encontraron agua con nombres que remiten a su imagen y el tamaño del sitio que la guarda: Aguaje del Tulito, Aguaje del Caballo, Aguaje de la Parida, Aguaje de la Costura, Arroyo Cíbolo, Vado del Moro, Arroyo de la Zorra, Charcos del Rebocero, Charcos de Ponce, Tinaja Bonita... Nunca términos como laguna o pantano, esos están en otro sitio. Tampoco manantial, chorro o río. Las de Coahuila son aguas menores, pero vivas.

Los especialistas en el tema avizoran un panorama de escasez mundial del agua. Su búsqueda nació con la propia humanidad y la historia de ambas corre a la par. Siempre que se habla de búsqueda de vida se habla de búsqueda de agua. Al iniciar las misiones espaciales a Marte, el geólogo de la Universidad Estatal de Arizona, Phil Christensen, lo dijo claramente en referencia al planeta rojo: “El principal objetivo de la NASA es la búsqueda de vida. Y eso significa la búsqueda de agua”. La provisión de agua potable está disminuyendo a ritmo acelerado para la población mundial. De no tomarse medidas adecuadas, para el año 2100 sólo el 20 por ciento de los habitantes del planeta contará con el preciado líquido. Si no se planea adecuadamente podrán surgir de nuevo, ahora con sofisticadas armas, las luchas sangrientas y los enfrentamientos por el control de los acuíferos.

La inminente necesidad de dotar de suficiente agua a Saltillo ha hecho surgir la polémica sobre el agua en la región sureste. Localmente hay brotes de discordia por su posesión y protestas organizadas en Parras ante la posibilidad de verse afectada la población si se conectara el acuífero sur a Saltillo. Un estudio de la Conagua abonó al conflicto al entregar resultados parciales y afirmar después que una montaña divide el acuífero Saltillo Sur en dos subsistemas independientes, imposibles de reunir geológicamente. Uno alimenta a Parras y la explotación del otro alimentaría a Saltillo. Esto pasa cíclicamente cuando se habla de traer agua a la ciudad desde algún lugar cercano. Suena lógico intentar una redistribución del agua de la región en los centros de mayor población y crecimiento, sin desabasto de los más pequeños. Parras y General Cepeda fueron desde siempre lugares privilegiados del sureste por sus aguas, por eso fueron las haciendas principales del marquesado de Aguayo y del latifundio Sánchez Navarro.

El asunto se politiza. El Comité de Defensa del agua de Parras no acepta los resultados del estudio, y se niega a oír razones sin pensar que Saltillo aloja a sus hijos y nietos, quienes emigran siempre a Saltillo, y que Derramadero dará alojamiento incluso a los parreños que vienen diariamente a trabajar en la zona. El alcalde Manolo Jiménez llama al diálogo a los de Parras y General Cepeda. Dentro de estos escenarios cabe preguntarse: ¿Será Saltillo capaz de manejar sus necesidades del recurso agua y las desigualdades que genera el proceso de globalización y crecimiento, en intensa competencia y sumergido en fuertes intereses económicos particulares?