El suicida más famoso de la Biblia, sin duda, es Judas, aquel amigo y discípulo de Jesucristo que lo traicionó y lo entregó por treinta piezas de plata

Usted lo sabe porque siempre lo he publicado en este generoso espacio: la felicidad del todo jamás se me ha dado. Mi vida tiene más de lado azul, eso llamado melancolía, ictericia (por eso nuestra madre y tías, al vernos jugando en un rincón, al observarnos con ojo clínico, emitían su diagnóstico implacable y sabio: ese niño, esa niña está “atiriciado(a)”); lo que ahora llaman como si fuese una cosa de tormentas, una cosa climatológica, una “depresión”. O como si fuese una cosa monetaria y financiera de la bolsa de valores, los mercados bursátiles se “deprimieron”. En fin.

Toda mi vida he tenido una condición melancólica, tal vez por eso soy escritor. O porque soy escritor soy un tipo con temperamento melancólico. Nada grave, cosa cotidiana. Tengo años controlado. Para mi fortuna. La fiera de la melancolía sigue viviendo conmigo, pero la veo de lejos, en el comedor,  en la recámara, en mi biblioteca; incluso, se afeita conmigo en el mismo espejo la desgraciada, pero la tengo controlada. Y como sé mucho de esto llamado tristeza y depresión porque lo padezco en el alma, he escrito reiteradamente de ello en estas páginas, alertando a las autoridades oficiales sobre estos padecimientos. Algunos funcionarios me han hecho caso. Incluso he tratado de colaborar para encontrar paliativos al respecto. Pero los suicidios siguen, van a seguir mientras nadie les preste la debida atención.

Como dijo el novelista Malcolm Lowry en su inconmensurable obra “Bajo el volcán”: aquéllos que tienen una enfermedad anidada en lo que solemos llamar “alma”. Es la tristeza, la congoja, la melancolía. Él mismo, preso de esta tristeza emperrada, murió bebiendo todo el alcohol que pudo. Así se lee en su “divina comedia” ebria, la novela arriba nombrada.

Aunque ya alguna vez le platiqué de los suicidios en la Biblia, hoy lo abordo directamente. No voy a opinar, sólo se los presento. Ya luego le enseñaré a varios personajes absolutamente tristes, melancólicos y “atiriciados” en la escritura. Y, caramba, eso de encontrar consuelo, amor, fortaleza, misericordia y todos los buenos deseos en la Biblia, pues cada quien. Platíquele eso a una mujer triste para que vea que le manda la Biblia volando directo a su cabeza.

Van los pocos suicidios que hay en la Biblia. Insisto, por lo pronto no tengo opinión al respecto, sólo se los presento para que vea usted que este problema es como cualquier problema, totalmente humano. Tan humano, que viene cuatro veces en la Biblia. Se presenta en 1ª Crónicas 10:4-5. 2ª Samuel 17:23. 1ª Reyes 16:18-19 y Mateo 27: 5. 
 
Esquina-bajan
El suicida más famoso de la Biblia, sin duda, es Judas, aquel amigo y discípulo de Jesucristo que lo traicionó y lo entregó por treinta piezas de plata. Arrepentido, fue y se “ahorcó”. (27:5). Por esto y no otra cosa, lector, es tan doloroso que una señorita se cuelgue, un joven lo intente y que, en fin, cualquier humano tenga este fin bíblico. Otro suicidio famoso es el de Saúl, quien se echó sobre la “espada de su escudero”. ¿Podemos encontrar esperanza en tiempos de tempestad y aflicción sólo leyendo la Biblia? Sí y no.

Depende cada ser humano. Es terrible hablar de esto y tratar de encontrar una “cura”.
Una de las bendiciones que he hecho, digamos de lo poco bueno que he hecho en mi vida, es que he intervenido para hacer desistir en dañarse a varios seres humanos. Tengo fama de que los entiendo y siento lo que ellos sienten, por lo antes esbozado: la melancolía forma parte de mi vida. Y lo primero si usted ve triste y llorar y llorar a un afligido, ¿sabe que hay que hacer? Jamás apartarse de él. Nunca. Y dejarlo llorar sin preguntarle nada. Ni motivo, ni menos incitarlo a que deje de hacerlo. Es lo mejor. Acuérdese de aquel versículo devastador de Juan: “Y Jesús lloró” (11:35).

Caray, si el maestro era un mar de llanto y lloró siendo hijo de un Dios, pues qué podemos hacer nosotros patéticos y tristes mortales sino precisamente eso: llorar. En fin, la Biblia no dice nada claro sobre los suicidios. ¿Encuentra uno consuelo? Sí y no. ¿Fortaleza? Sí y no. Pero ojo, no lo condena. No he encontrado condena alguna a algo tan delicado como es suicidarse. Caray, gente tan triste y afligida que se va por su propia mano (José Manuel Linares, ahogado el día 12 de agosto. Ya van más de 40 suicidios. Jorge Verástegui no hace nada), ya sería mucho que se les negara la entrada al paraíso (de existir).

Letras minúsculas
El hombre más triste sobre la tierra tuvo nombre, ya se lo dije aquí: es Job. Volveré al tema.