Hay una nueva epidemia que cobra víctimas, es, es la soledad. Si está en ‘línea y en tiempo real’, ¿qué está fallando, por qué se siente solo, sola?

En tiempos de hiperconexión, la gente está más sola que nunca. Hoy, justo hoy que ganaron la partida los nómadas veloces (usan celular, redes y jet) a los nómadas lentos (siguen arando la tierra con sus manos o con una yunta, caminan kilómetros para llegar a la escuela y cargan su propia agua potable en odres), según excelente tesis de Jaques Attalli allá por los años 90 del siglo pasado, la gente está más aislada y sola que nunca. Más sola y aislada que en tiempos bíblicos, caramba.

Hay una nueva epidemia que cobra víctimas, es la soledad. En un espléndido estudio publicado por el diario ibérico El País y glosado por sus autores, se alertaba de que una de cada tres personas se siente sola en estos tiempos de redes sociales y contactos en “línea y en tiempo real”. Si supuestamente usted está en “línea y en tiempo real”, ¿qué está fallando, por qué se siente solo, sola? El estudio es de John T. Cacioppo y Stephanie Caccioppo. 

La monografía de trama y alcance internacional, cuentan los autores, la iniciaron en 2002, es decir, ya en pleno boom de redes sociales, teléfonos “inteligentes” (lo que eso signifique), hiperconectividad y toda esa serie de fruslerías que se siguen vendiendo como una panacea ante lo más devastador: el ser humano está solo y abandonado. Un títere. Los autores dicen que estas personas tienen “un gran círculo de seguidores en las redes sociales, pero no se sienten verdaderamente en sintonía con nadie”.

Usted lo sabe, sigo siendo un prófugo de las cavernas, habito la edad de piedra. Sigo sin tener esas aplicaciones de redes sociales y caramba, ni falta me hacen y al parecer, en mucho tiempo así voy a seguir. Al día de hoy, puedo leer más de 140 “caracteres” diarios que se venden como el espacio ideal para la “libertad de expresión y democracia”, eso que llaman Twitter. Mi condición de ermitaño, misántropo, un tanto de judío errante y sobre todo, un hombre que abomina de la tecnología no es grave en mi caso. Es mi esencia. Pero no pocas personas se han acercado para comentarme de lo anterior, todo con respecto a su propia soledad, a su estado de abandono y el de los suyos. La soledad, siguiendo con el estudio arriba nombrado, incrementa la posibilidad de mortalidad en un 26% (igual que la obesidad). La especialista Olivia Laing, lo dice así: “El hecho de que más de una de cada cuatro personas en los países industrializados pueda estar viviendo en soledad… debería preocuparnos.” ¿Dónde está Dios en esta problemática moderna que a todos ataca, no obstante los miles de amiguitos de la red que le dan “like”?

Esquina-bajan
Parto de un principio personal: Dios no tiene nada qué ver en esto. Como en muchas de las actividades diarias de un ser humano. ¿Por qué tendríamos que meter a Dios en las redes sociales? Dios no cumple antojos ni caprichos, menos se va a manifestar en un chat o en un Whatsapp. Por lo demás, esto de la soledad es algo inherente al ser humano desde su propia condición de quejido lastimero. Caray, nunca estamos a gusto con lo que tenemos, cómo lo tenemos y por supuesto, cómo lo aplicamos o mantenemos. 

Hay un Salmo dentro de la Biblia que es una súplica, un llanto conmovedor y vehemente de una persona, un humano enfermo el cual está instalado en esos límites cruciales de no poder soportar ni un minuto más los males y aflicciones que Jehová le mandó o le impuso. Este Salmo lo emparento mucho con  aquel lamento y protesta de Job, libro el cual aquí hemos repasado varias veces. Es el Salmo 88. Supura dolor, ansiedad, abandono, desdicha; es decir, aquellos sentimientos que usted y yo hemos padecido alguna vez. 

En su parte medular se lee: “Porque estoy harto de desdichas,/ y mi vida está al borde del abismo;/ me cuentan ya entre los que bajan a la tumba./ me he convertido en un hombre sin fuerzas… Desde la infancia soy un/ desdichado y un enfermo,/ he soportado tus espantos y ya/ no puedo más…” Caramba, que de abandono y soledad. Eriza la piel y el esqueleto. ¿Qué hacer? La tradición católica se ha referido a Cristo como aquel hombre que “sabe de dolores y conoce bien nuestros padecimientos.” Si usted cree, pues entréguele esos padecimientos, desdichas y soledades. No dude que Jesucristo lo va ayudar. Pero, coopere todo lo que usted pueda…

Letras minúsculas
Incluyendo largar y cancelar en este momento sus redes sociales. Usted tiene la palabra y decisión. No Dios…