De muchos años a la fecha, México se pulveriza y volatiliza en su lenguaje. No edificamos, pero sí destruimos. 

Hijos de la haraganería y la mediocridad, los mexicanos caemos periódicamente en estadios de inconsciencia afásica que todo mundo observamos y reproducimos, pero que pocos criticamos o dejamos por escrito al menos, como un ingrato e infeliz testimonio.

Quienes más deben preocuparse por el correcto y apropiado uso del lenguaje en los diversos estamentos del quehacer humano (ambiente político, periodístico, académico, etcétera) somos nosotros, los que nos dedicamos al oficio de las palabras. No las redes sociales que todo lo pudren. No las cuentas de intercambio de memes o viñetas que apenas tienen dos palabras y mal escritas, no; nosotros somos los responsables. 

Por ello, nunca y nadie le va a quitar su lugar al periodismo, máxime cuando éste está bien escrito.

Dice la Biblia a la letra: “De la abundancia del corazón habla la boca”. Dice el sabio español Álex Grijelmo: “Las palabras arraigan en la inteligencia y crecen con ella... viven en los sentimientos, forman parte del alma y duermen en la memoria”. Las palabras que proferimos a diario son el reflejo de nosotros mismos y son la semilla de lo que hemos vivido, estudiado y literalmente mamado en la formación familiar. Es decir, las palabras son la semilla de una herencia que nos ha formado y nos moldea día con día. 

Bramaban los horrores de la Segunda Guerra Mundial y el nazismo amenazaba al mundo entero; el intelectual Karl Kraus escribió en uno de sus textos: “Es en sus palabras y no en sus actos donde yo he descubierto el espectro de la época”. Kraus escribió un ensayo memorable sobre cómo Adolf Hitler primero se hacía de un lenguaje de poder, lo sembraba como palabras teloneras, para luego desencadenar toda la crueldad de la guerra, ahora sí, legitimada por los discursos. Lo anterior, naturalmente, como imperio del mal, para decirlo en la jerga de los hermanos Testigos de Jehová. Pero en esta ocasión, quiero poner el acento en el lado positivo de ellas; es decir, mi tirada de naipes está del lado ganador, del lado de la Biblia: si creemos que es la palabra de Dios, aquí encontraremos palabras de poder. Declaraciones de poder que si usted convive con ellas a diario y las externa, si las dice una y otra vez, no lo dude, lo va a lograr. ¿Sabe usted qué dice Proverbios 18:21? “La muerte y la vida están en poder de la lengua”. Así de rápida y clara la entrada en materia. Las palabras, la voz, la lengua lo son todo. Es decir, si una y otra vez nos quejamos, terminaremos sin duda en el hospital atacados por una fiebre tal vez ficticia.
 
Esquina-bajan

¿Sabe a qué le tienen miedo los políticos, los malos políticos que nos gobiernan? Le tienen miedo a las palabras. La palabra, y aún más la palabra escrita, es un arma mortífera. Se sabe desde tiempos de la antigüedad, es más letal que un fusil de asalto o una granada de fragmentación. Por eso la recurrente muerte de periodistas en todo el País. Por eso las amenazas, la represión y los intentos de silenciar a compañeros inteligentes y aguerridos. Los políticos le temen a la palabra, no tanto a un cártel de secuestradores.

Y naturalmente, lo dije antes, somos lo que hablamos. Lo que decimos (o escribimos) atrae y puede convertirse en nuestra dicha o nuestra condena. Por eso cuando usted tiene un problema grave, amén de enfrentarlo y de buscar ayuda profesional, usted debe de afrontarlo no hablando de que dicha molestia será incontrolable, le ganará la partida o que no tiene solución. Absolutamente no. Usted estaría llamando muy rápido a una derrota. Aunque ésta, sin avisar y sin su permiso, va a llegar si se le antoja llegar. Así de simple.

Pero lo que debemos hacer, al menos como paliativo, insisto: buscar ayuda profesional es enunciar palabras, digamos, positivas. De lo contrario, caeremos en lo que dice Proverbios 6:2: “Has quedado preso en los dichos de tus labios”. Si usted cree en la Biblia, pues lo primero que debemos tomar en cuenta es el poder de la palabra, sanidad y alegría que da Dios y luego su hijo, el maestro Jesucristo. Afirma contundente la Biblia: “Diga el débil: fuerte soy”. (Joel 3:10). Por esto y no otra cosa, los políticos le temen más a la palabra que a una ametralladora de repetición.

Letras minúsculas

Todo, todo está en la Biblia sabiéndola leer. Buen fin de semana. Gracias por leerme.