ilustración: Esmirna Barrera
Se endurece la política migratoria mexicana después que el presidente Trump amenazó con iniciar una guerra comercial

Aunque será hasta el próximo martes 10 de septiembre cuando representantes de México y Estados Unidos oficialicen de manera conjunta que se redujo el flujo migratorio de Centroamérica al País del norte, el canciller Marcelo Ebrard ya dio cifras sobre el cumplimiento de esos acuerdos.

Quienes han caracterizado la presión estadounidense -vía el cobro de aranceles a las exportaciones mexicanas-, como una ruta alterna a la instalación del muro fronterizo de Donald Trump, no están muy equivocados.

Y es que son estadísticas de la agencia de aduanas de EU las que comprueban el avance de los resultados obtenidos por México, en los últimos cuatro meses, por lo que hace a las detenciones de indocumentados en 2019.

A querer y no México se quedó entre Estados Unidos y Centroamérica como entre la espada y la pared, y es así como respalda, con 24 mil elementos de la Guardia Nacional, a Washington para frenar los cruces ilegales necesarios para tranquilizar a Trump.

En el otro extremo, la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador impulsa el desarrollo de Honduras y El Salvador porque sostiene la limitada generación de fuentes de empleo es una de las causas estructurales de la migración.

La personificación del Gobierno mexicano como “policía malo” en el asunto de los migrantes recibió como respuesta de grupos procedentes de países africanos, disturbios y enfrentamientos en las estaciones del Instituto Nacional de Migración en Chiapas.

Los ilegales de África juran y perjuran que no están interesados en quedarse en México, -como sí lo han decidido algunos viajeros centroamericanos-, porque su objetivo es alcanzar el sueño americano, para lo que requieren cruzar a EU.

Así las cosas, parece que las administraciones de AMLO y Trump se mantendrán en este estira y afloje con una liga de la que no se conoce su resistencia.