Hoy día los problemas que estamos viviendo tienen que ver con la violencia intra y extra muros –en casa y fuera de casa–, con la soledad interior –la del alma–, con la ausencia de solidaridad… entre otras “lindezas”. Es abrumadora la ausencia de valores que está privando en la sociedad de la que nosotros somos parte. Hay millones de niños y jóvenes huérfanos con padres vivos… es el mal del siglo, y pareciera que a muy pocos les interesa. Es importante destacar que los hijos no les piden a sus padres venir al mundo y los padres tampoco solicitaron permiso… ¿Y entonces? Cuando se tiene hijos se contrae una enorme responsabilidad, se tiene el deber de acompañarlos hasta que alcanzan la adultez, y esto significa hasta que sean lo suficientemente sólidos y autónomos para averiguárselas por ellos mismos. En eso estriban la formación y la crianza. Y no está de más destacar que los niños tienen derecho a un padre y una madre lo suficientemente adultos y competentes para enseñarles a ser adultos, precisamente.

Es en casa donde a uno le enseñan a ser persona y cuánto esto implica, son tus padres quienes tienen el deber de enseñarte a saber ser tú mismo, a hacerte cargo de tu vida, a saber vivir en el seno de una colectividad, a integrarte socialmente a la misma. Es ahí donde te deben enseñar a “volar” con tus propias alas. Lo que hoy vemos son los grandes avances tecnológicos, los progresos en una variedad enorme de ámbitos del saber humano, como la genética, la biología, la informática, los medios de comunicación… pero la gran tragedia es que esa misma sociedad hoy se desmorona bajo el imperio del alcoholismo, de las drogas, del suicidio de niños y jóvenes, de embarazos precoces, de abortos, de marginación social, de delincuencia, de violencia de todo tipo… ¿Eso es el progreso? ¿Dónde caramba quedaron la familia y la formación?

Educar y formar no son lo mismo, no obstante que se utilizan ambos vocablos como si fueran sinónimos. Educar es transmitir conocimientos y enseñar a desarrollar ideas, habilidades, que les van a servir en un momento determinado. Eso se enseña en la escuela, ese es el trabajo del maestro, de ahí la relevancia de que el maestro, como transmisor de esos conocimientos, sea el mejor preparado para hacerlo, y que se cuente además con la infraestructura adecuada para alcanzar el objetivo. Una enseñanza que no desarrolle el hábito de estudio, no es más que una incubadora de pobres, de donde salen sólo para convertirse en mano de obra barata y a seguir viviendo en la jo... de siempre. Para que la igualdad de oportunidades sea efectiva tiene que enseñárseles a que demuestren de qué están hechos, los talentos que tienen, su inteligencia y de lo que son capaces. Mientras esto no suceda, millones de mexicanos seguirán condenados a vivir como parias, eternos dependientes del desgraciado asistencialismo, y llegando los peores al gobierno en turno, sea del color que sea.

Infortunadamente, lo subrayo, la enseñanza que se ha impartido en México ha inculcado conformidad –supina–, nunca independencia. Y esto lo vemos, deleznablemente reflejado, verbi gratia, en la actitud que se tiene como gobernados frente a los gobernantes, el grueso de los mexicanos los sigue considerando como sus superiores, no como sus servidores temporales y a sueldo.

Y vuelvo al punto de la soledad interior. ¿Cómo no va a haberla? El acompañamiento de muchos niños y adolescentes hoy día son la televisión, el internet, los juegos electrónicos y el celular sin supervisión alguna de sus padres, eso en casa, y afuera los amigos y la calle. Los padres están ausentes. Hoy día la disciplina, el orden, el respeto a los demás y a lo ajeno, se consideran pasados de moda, “mamadas” de padres autoritarios, “mala onda”. A los chamacos para tenerlos contentos hay que darles todo, resolverles todo, ser su “amigo”… bajo ninguna circunstancia tocarlos ni con el pétalo de una rosa, prohibido levantarles la voz... porque se trauman, se daña su autoestima, se les desequilibra para el resto de sus vidas.

Nadie nace sabiendo, todo se aprende en esta vida, de modo que también a ser padre se enseña uno. Me parece que hay cosas que son válidas en todo tiempo y que no deben perderse porque son de sentido común. No se aleje de ellos, no ponga de pretexto la falta de tiempo, sepárelo para sus hijos, dialogue, escúchelos, guíelos, si no es paciente, aprenda a serlo, no pretenda ser su amigo, siempre su padre –madre–, llene su interior de valores y refuércelos con su ejemplo, es el mejor blindaje para estar en el mundo exterior. Nunca será tiempo perdido.