Foto: El equipo de Verificado Mx, liderado por Daniela Mendoza.
Verificar información no es una tarea fácil, pero sí es necesario. Más en una época donde los datos salen al por mayor, y cualquier fuente, incluso las oficiales, no mantienen un rigor en sus declaraciones.
VerificadoMx

Mientras el personal de Salud está en el frente de batalla actuando de manera heróica contra el coronavirus, Daniela lucha desde su laptop contra otra enfermedad que nos vuelve ciegos y vulnerables: la infodemia. 

Este término, como lo explica la Organización Mundial de la Salud “se refiere a una sobreabundancia de información (alguna rigurosa y otra no) que hace que para las personas sea difícil encontrar recursos fidedignos y una guía de confianza cuando la necesitan.” 

Daniela y otras tres periodistas: Deyra Guerrero, Liliana Elósegui y Sindy García, empezaron el proyecto antes de que el padecimiento tuviera un nombre oficial. Ellas conforman Verificado Mx, un proyecto que cambió el paradigma de la información y el periodismo en México. 

El 2 de abril es el día mundial del Fact Checking (la verificación de datos), un término y un día que nos obliga a situarnos más que en un calendario: en la posmodernidad. En esta charla buceamos entre periodismo, las mañaneras y los riesgos que implica decir la verdad.

Daniela siempre quiso ser periodista. Desde la secundaria creó un periódico escolar y desde ahí no ha parado. En su perfil en el portal de Verificado se lee lo siguiente:  “Autora intelectual de Verificado; periodista feminista con 19 años de trayectoria en distintos medios de comunicación de Nuevo León. Ha colaborado con El Porvenir, Hora Cero y Milenio Monterrey. Maestra de periodismo en la UANL y aprendiz de investigación en comunicación. Directora General y Editora cuando se ocupa. (@DaMeLUNA)”.

Me dice que la información está “medio payasa” y me rindo. Estaba nerviosa por hablar con alguien que está haciendo historia en Latinoamérica, pero resulta que además tiene una voz afable que me devuelve la esperanza.

¿Qué implica tener las riendas de un proyecto como Verificado? y ¿Cuál ha sido la verificación de datos que más te asombró por el nivel de desinformación que promovía una figura pública?

En Verificado trabajamos con dos líneas de acción. La primera es combatir la desinformación entendemos toda la información falsa o imprecisa en medios de comunicación, WhatsApp, Facebook y Youtube. Y la segunda, es la verificación del discurso público, de nuestras autoridades o de cualquier persona que tiene voz pública. Esto lo hacen en alianza con Vanguardia, por ejemplo, con la verificación de la Mañanera.

El presidente habla de ciertos temas y no siempre contesta con verdades, también con otros políticos y tenemos una sección especial donde verificamos los datos de Youtubers e influencers. Todos tenemos derecho a la libertad de expresión y el derecho a decir nuestras opiniones pero no podemos dar datos falsos, sobre todo cuando tenemos voz pública.

A través de la verificación de datos, ¿Cuál ha sido el descubrimiento que te ha dejado más asombrada por la capacidad que tienen las autoridades de “torcer” verdades?

Hay que entender que la desinformación tiene cuatro fuentes diversas. No existe este productor masivo único que quiera alterar el orden mundial. No. Todos producen desinformación. Se hace para desacreditar a alguien, para distraer la atención de un fenómeno que a un grupo de poder u otro, no le conviene; para deslegitimar quitar legitimidad a una voz y entonces poder aplacarla. Y éstas son las razones básicas, entonces la puede producir cualquiera, con cualquiera intención.

A mí me sorprende mucho el tema de las Mañaneras. El presidente habla todos los días dos horas. Pero dice muy pocas cosas verdaderas, 100% verdaderas. Entonces: ¿de qué me sirve un ejercicio diario -de supuestamente rendición de cuentas- donde no me vas a decir la verdad?

La producción de desinformación es hasta cierto punto comprensible, no aceptable, pero se comprende si hay intereses, pero yo no puedo entender cómo el presidente del país habla dos horas diarias y la mitad de lo que dice no es del todo cierto. Esta tendencia no ha variado y está entre el 40 y el 50 por ciento. 

Lo hemos analizado. Creo que es necesario que la gente entienda esto-no para satanizar ni decir que no sirve- sino para exigirle la verdad. Si no tiene los datos se puede pedir tiempo. Es una irresponsabilidad creer que por la investidura que tú tienes todo el mundo te tiene que creer. Puede ser el presidente, un jerarca de la iglesia, pero no puedes ocultarle a la gente l verdad.

Aunque el término fake news es relativamente reciente, las noticias falsas existían desde los incendios de la Roma Antigua, la Edad Media, la propaganda Nazi, sin olvidar al Watergate o Donald Trump. Pero ante la coyuntura del coronavirus ¿Cuál será el papel de la verificación de datos en la historia?

Es cierto, la desinformación no es nueva. Pero nunca en la historia habíamos tenido tantas fuentes de desinformación. Todos nos hemos convertido en productores y receptores de información, estamos hablando de los medios tradicionales, de los digitales y de las redes sociales. Estamos hablando de que un político puede abrir su propio canal para decir lo que quiera. Tenemos demasiado trabajo por hacer. 

En este contexto proyectos como Verificado cobran importancia. Pero no solo por el coronavirus o las elecciones. La naturaleza de un medio como Verificado cobra valor en momentos de crisis. Pero no deben crearse alianzas solo por virus o las elecciones. La información es poder y sirve para tomar decisiones y si vivimos en una democracia que en teoría busca el mejoramiento continuo de las personas, con desinformación no se puede lograr. La desinformación tiene un papel en las emociones bien grande.

La desinformación fluye por todos lados porque apela a las emociones básicas: al miedo, a la ira, a la repulsión y a la alegría. Entonces vemos algo que nos da miedo lo compartimos con los que queremos. Vemos algo que nos da ira o repulsión y lo compartimos para buscar empatía. Todas estas cosas nos pegan todo el tiempo y sucede con los cambios de humor. Yo siempre digo que hay que verificar la información para ser más feliz.

¿Por qué piensas que hay que verificar la información para ser más feliz?

 

Por ejemplo, con la noticia de que “ahora todos vamos a tener que dar facturas”. Y nos enojamos.  Entonces tú verificas la información y te das cuenta de que no es cierto. Por eso lo digo. Con el coronavirus te asustas de todo y al verificar datos te sientes más tranquilo. Por eso pienso que la verificación de datos debe ser permanente. Verificado no nació con algo coyuntural, nació por la necesidad que había en nuestro país.

México es hoy por hoy el segundo lugar donde se comparte más desinformación según Reuters. En México se necesita de forma permanente no por la pandemia o cualquier otra crisis.

¿Cómo es hacer Fact Checking en la práctica? ¿Cómo lo combinas con la comunicación que tienes con tu familia?¿Cómo te afecta esta constante búsqueda de la verdad?

Es cansado. Y la gente te empieza a odiar. No le caes bien a la gente. Es como estos obsesivos de la ortografía que te corrigen los Whatsapps. (Risas) Somos algo así. Cuando alguien comparte algo falso y le escribes: “Nombre no es cierto, la información viene de otro lado…” hay molestias y me han llegado a decir “Ah, ok, gracias yo como quiera lo voy a compartir por si las dudas.” Y se te empieza a enojar la gente, la familia, los colegas y los amigos. Esos son los riesgos. A mí no me afecta. Los periodistas no somos los seres más amados del planeta.

¿Ha habido agresiones?¿El enojo ha traspasado la barrera de lo virtual?

Tenemos intentos diarios por tirarnos la página, clonárnosla. A partir del tema del COVID-19 empezamos a recibir una cantidad de usuarios directos que no teníamos: 300 mil visitantes al corte de este mes. Somos un medio pequeño y  obviamente hay que cambiar el ancho de banda y adaptarnos, poner candados a nuestra seguridad digital, tanto del sitio como de nuestras redes personales.

¿Por qué en las redes personales?

El fact checker tiene que ser público. Nosotros en particular somos 4 mujeres y dos colaboradores externos hombres. A veces, contestamos de las cuentas personales o nos tumban la página. Llegan mensajes directos con agresiones como “Hijas de Soros, VerificAMLO, Verificichairo, o que si nos patrocina Claudio X”, han escalado a ataques como buscar en mi pasado.

Nadie debería ser maltratado o vulnerado por el ejercicio de su profesión y menos quienes nos dedicamos a la libertad de expresión. También hay que aclarar que recibimos más mensajes positivos.

¿Cuál ha sido el mensaje más emotivo que han recibido?

Hay usuarios que nos ponen como ejemplo. También tenemos un botón de donación.  Al no recibir publicidad, no tenemos ingresos grandes. Hay gente que ha depositado 50 pesos, 80 pesos. Esas expresiones te sirven para saber que hay una persona que la comparte y le gusta tu trabajo. Es un plus importante, porque tenemos que buscar otros métodos para sobrevivir.

De acuerdo, entonces verifícame que no son “hijas de Soros” (risas) ¿Hablemos de su financiamiento?

Todos hacemos trabajos alternos. Es decir, trabajamos para trabajar. La página ofrece servicios de comunicación, creación de contenido, damos cursos y talleres de ética en el periodismo, periodismo con perspectiva de género, hacemos redacción de manuales.

Ganamos una beca del SembraMedia. Tenemos alianza con Google. Somos pues polichambistas. Y hay que aclarar que ninguna de las cuatro personas genera un sueldo completo. Todas tenemos otros trabajos. Yo soy docente de tiempo completo. Ninguna genera un salario completo a medio tiempo.

¿Crees que ya estamos en tiempos de la posverdad?

La posverdad es un fenómeno que se adhiere a la desinformación, pero tiene que ver con las personas. La posverdad es el deseo de querer creer en algo, aunque la evidencia diga lo contrario. Y eso en lo que quieres creer tiene que ver con quién eres como ser humano. Cuando un hecho contradice tus valores o principios, es muy probable que como persona generes estos hechos alternativos a los que llamamos posverdad. 

Es bien difícil, el único modo de combatir este fenómeno es con una formación crítica como ser humano. Por ejemplo, soy un ferviente creyente católico, pero la evidencia me dice que hay una situación de pederastía fuertísima. Entonces no voy a dudar de las víctimas. Son personas, las personas se equivocan y cometen delitos, por eso hay que imponerles el peso de la ley, sean o no enviados de Dios. En vez de pensar que es una conspiración mundial para acabar con la iglesia católica. Pero es más fácil pensar que es verdad eso.

¿Cómo Verificado ayuda a generar audiencias críticas?

Una con existir. Con su operación. Somos, hacemos y promovemos el trabajo contra la desinformación. Hacemos que la gente se cuestione sobre si usar es efectivo o no usar mascarillas. Y si empieza a creer en nosotros la gente empieza a escribirnos directamente y preguntarnos.

También creo que lo hacemos con charlas, conferencias y cursos de un modo directo.

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¿Cómo sería tu lector ideal?

Curioso, muy curioso. Un lector que llegara al grado de presentarme alternativas. Tenemos lectores que se están convirtiendo en verificadores. Que te dicen “esto que están poniendo aquí, ya está o lo pueden ampliar con esto.” Mi lector ideal es el que me verifica a mí y me da más información, el que me corrige si es necesario.

¿Hay otro punto en el que quisieras hacer énfasis?

La verificación no es un tema de élites, ni solamente sólo yo soy un fact checker. Los mejores ejercicios son en alianza. Un buen verificador  es una persona transparente que comparte su método y su saber. Esto no es un periodismo de competencia, es 100 % colaborativo. No hablo de colaborar con otros medios, hablo de colaborar con especialistas, con ONGs, con ciudadanos. El perfecto equipo para combatir la desinformación es: periodistas,ciudadanos y tecnología.

Quetzali García

Reportera y maestra rural. Se ha desempeñado desde hace 15 años en temas de educación, cultura digital, historias de vida y derechos humanos. Ha trabajado en los géneros de periodismo narrativo, crónica y reportaje. Licenciada en Educación Secundaria. Se desempeña actualmente como profesora y editora de Semanario. Ganadora de premios como el Estatal de Periodismo 2006 en entrevista cultural y primer lugar en la categoría de Ensayo del Premio Manuel Acuña 2013