Con arrogancia, pero con excelentes antecedentes académicos y políticos, y con la “vista gorda” del “buenazo” de Obama, Hillary Clinton actuó por muchos años como si estuviera por encima de la ley. Es sospechosa de haber utilizado personal y recursos de la Secretaría de Estado para promover su candidatura presidencial, y de impulsar el explosivo crecimiento de su fundación familiar (Clinton Global Initiative) en Medio Oriente. Puede llegar a ser la primera presidenta de Estados Unidos o terminar enfrentando cargos.

El FBI descubrió el lunes pasado 15 mil correos electrónicos más (en adición a los 20 mil que ya están revisando), que Hillary “olvidó entregar” cuando fue interrogada originalmente. Acaba de ser citada por un juez federal para rendir cuentas. El problema es que “con mucha negligencia” (así la calificó el FBI) utilizaba indistintamente el servidor de la Secretaría o su dispositivo de bolsillo para tratar asuntos de Estado.

Cuando Sanders competía por la candidatura del partido acusaba a Hillary de estar “comprada” por Wall Street; de recibir de los banqueros que provocaron la crisis financiera exagerados honorarios por “conferencias” y “servicios de consultoría”. El monto cotizado por Hillary era de 250 mil dólares por conferencia.

Pero esos elevados honorarios no muestran las millonarias “igualas” y donaciones que Clinton Global Initiative, la fundación de los Clinton, percibe de clientes cautivos, especialmente de gobiernos en Medio Oriente. (Habiendo sido secretaria de Estado, los servicios prestados a esos gobiernos pudiesen constituir violaciones a la seguridad nacional, o simplemente pagos indebidos por información privilegiada. Por eso la estará interrogando el Congreso esta semana).

Hillary insiste que los Clinton mismos administran pro bono los más de 150 millones de dólares devengados por la Fundación. Aunque algunos analistas estiman la cifra en mil millones de dólares. La diferencia pudieran explicarla algunas donaciones “confidenciales”.

(Los servicios pro bono supondrían que los Clinton pagan de su bolsa viajes en aviones privados y suites de lujo para asistir a cenas de gala donde son recibidos como jefes de Estado. En esos viajes solicitaban de potentados y gobiernos de Medio Oriente las donaciones que son el grueso de los ingresos de la Fundación. ¿Quién le niega dinero a la próxima presidenta de EU?).

La codicia de los Clinton no tiene límites, pero esta vez se toparon con una elección muy vigilada. La tienen en la mira Sanders, Trump, el Congreso, el Departamento de Justicia y, otra vez, el FBI. Con razón ha desaparecido de su rostro la sonrisa congelada con la que inició su campaña.

Curándose en salud Bill anunció la semana pasada que éste sería el último año de la Fundación, y que él renunciaría de inmediato al consejo. Hasta aquí el amor de los Clinton por las causas nobles que pregona Clinton Global Initiative…

Analista político